A veces pasa...
Nos quejamos cuando las cosas no van bien pero de lo que no nos percatamos es que fácilmente pueden ir peor.
Hacia poco que nos habíamos quedado sin empleo y necesitábamos algo para ir tirando.
Yo había estado una semana en un chino pero ya se termino. Fran encontró una academia de ingles para repartir propaganda donde pagaban 3,50 la hora y Arturo, que no tenia nada, fue enchufado por Fran como repartidor de la misma academia.
Cuando me echaron del chino, Fran convenció al de la academia para que pudiese repartir yo también, tenia experiencia demostrable. Que lastima…
Volvíamos al principio pero esta vez, en lugar de repartir, como no teníamos que estar en un punto fijo, Arturo y yo tal y como cogiamos los flyers los depositábamos con mucho cuidado en la primera alcantarilla que encontrábamos. El chollo duro casi dos semanas, bastante más de lo que esperábamos…
En cuanto a nuestro sistema de provisión de alimentos sufrió un cambio debido a un pequeño incidente con la justicia.
En una de las operaciones trucha los comandos fueron Fran y Arturo. Siguieron el plan a la perfección pero cuando llegaron a la caja Arturo, que en esta ocasión iba delante, se puso un poco nervioso y en lugar de estar calladito comenzó a decir tonterías a la cajera para disimular.
Esto yo no lo vi pero me lo contó Fran y es como si lo estuviera viendo.
Arturo de enrollao con una cajera con la cara hasta el suelo y Fran poniéndose de todos los colores. Aunque Fran intento capear el temporal la cajera noto algo raro y les descubrió, llamo al de seguridad y les trincaron.
Les llevaron a un cuartito y allí esperaron a que viniese la policía.
Una vez en comisaría les dicen que dejen sobre el mostrador todo lo que llevaran encima y que se quitasen los cordones y el cinturón.
Arturo que llevaba pantalones con bolsillos en los laterales y una trenka larga empieza a sacar guarrerias de todo tipo:
Clínex usados, flyers diversos, monedas, una chocolatina a medio comer, gomas, pilas gastadas… aquello no acababa… bolis, tarjetas de las señoritas de las cabinas, botones, envoltorios, chicles… Fran decía que los polis alucinaban con el montón que hizo.
No se como serán las leyes británicas en cuanto al hurto hoy en día pero en el 97 pasaron esa noche en el calabozo.
A la mañana siguiente les dejaron salir y cuando llevaban recorridos 20 metros de libertad un policía les llama a sus espaldas portando las bolsas con lo que si habían pagado y que con las prisas por salir, habían olvidado dentro. Al Cesar lo que es del Cesar.
Desde entonces Fran y Arturo ya no participaron en mas operativos y acordamos que ellos se encargarían de la limpieza de la casa y el resto de los “hombres” traeríamos la comida.
Se acababan de convertir en nuestras zorras…
Aunque estábamos jodidos y bien jodidos manteníamos el humor.
El resto de los “hombres”, para evitar que ese método nos causase más problemas ideamos otro. A este le llamamos “Por la puerta grande” y es que lo patrio, en tierras lejanas, sale a relucir casi sin querer.
El sistema era todavía más simple que el anterior. El Sainsbury de Cromwell Road en el 97 era tal que así:
Unas puertas de entada grandes, de frente el acceso a los clientes y la zona de revistas. A la derecha las cajas por las que se salía cuando hacías la compra. Si no comprabas nada salías por donde habías entrado que era donde solía estar el de seguridad.
Comenzábamos igual, cogíamos las bolsas de las cajas y adentro. Pero ahora solo llenábamos las bolsas de lo que nos fuésemos a llevar. Una vez las bolsas llenas uno de los tres, pues íbamos el Pifa, Andrés y yo, se colocaba de vacío en la zona de revistas a ojear alguna pero en realidad vigilaba al segurata.
Los otros mantenían contacto visual con él y cuando el de seguridad se iba a controlar los coches del parking, el ojeador hacia una seña y con toda la cara del mundo salíamos con nuestras bolsas por la puerta grande.
Muchas veces lo mas sencillo es lo mas efectivo.
Recuerdo una tarde que fuimos los tres a comprar con este sistema y después de la primera “compra”, para aprovechar el viaje, decidimos entrar otra vez.
Que uno se quedase fuera con las bolsas y los otros entraban a por mas.
Se quedó el Pifa, sentado en una esquina, mientras Andrés y yo entrábamos.
Todo salio bien y cuando íbamos a doblar la esquina donde al otro lado estaba el Pifa, le digo a Andrés “Vamos a ir corriendo y le gritamos al Pifa que huya, que nos persigue el segurata, a ver que hace”.
Nos imaginábamos que cogería las bolsas y saldría por patas despavorido… y a la de tres comenzamos a correr y le gritamos al Pifa “¡¡ Corre tío que viene el segurata!!” y él, que había aprovechado la espera para liarse un peta, nos dice, haciendo movimientos rápidos con la mano “¡¡ Seguid corriendo, no me conocéis, no me conocéis…!!”
Que jodío el Pifa… reaccionó como un profesional.
Y así íbamos tirando día a día. Si había algo que no cambiaba era que nos gustaba salir, el ligoteo y las fiestas. Me viene a la cabeza una fiesta a la que acudí y os voy a contar lo que paso…
Jose y yo nos seguíamos llevando muy bien pero ya como ni trabajábamos ni vivíamos juntos solo quedábamos para salir. Él tenía, de antes de conocernos, un grupo de amigos, mezcla extraña de ingleses y españoles. Bueno, no todos ingleses, también estaba Lisa, una australiana un poco rellenita para mi gusto pero muy mona de cara. Era simpática y muy llena de vida e incluso creo que yo le gustaba un poquito, o eso pensaba.
Yo conocía a su grupo de salir y aunque de quien realmente eran amigos era de Jose yo ya tenia bastante familiaridad con ellos.
Un día Lisa hizo una fiesta en su casa y fuimos Jose y yo. La casa era adosada, de dos plantas y con su jardín, que como todavía hacia frío, no se podía usar.
La fiesta se hizo en el interior, principalmente en la planta baja que era donde estaba el salón y la cocina pero también, como había mucha gente, por la planta de arriba, sobre todo el baño que era lo más solicitado.
Escrita el 9 de
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