Estaba claro que no iba a averiguarlo. Quizá fuese una equivocación o alguien que no sabia que nos habíamos ido, tendría que volverse por donde vino, pero lo que a mi me acongojaba era que fuese el indio que me hubiese visto subir.
Pensé que con no abrir, el que fuese se daría por vencido. El Pifa al otro lado preguntaba novedades y yo en silencio a la espera. Ya le digo:
- Nada, se han debido ir.

No termino de decir la frase cuando meten la llave en la cerradura y abren la puerta.
Me cago en diez!! Mi corazón se desbocaba, ya me imaginaba al indio con dos más y la somanta palos que me iba a caer. ¿Quién me mandaba a mí atravesar todo Londres para hacer unas llamaditas?

En susurros le digo al Pifa que alguien ha entrado y él:
- ¡Sal de ahí!
- ¿Cómo quieres que salga si estarán en la puerta?
- ¡Por la ventana!
- ¡¿Por la ventana?!, ¡Que es un segundo, tío!
Todo esto con el corazón a 100 y pegado a la pared para que no me viesen.
Yo oía ruidos de alguien en la cocina y veía el resplandor de la luz que estaba al otro lado del pasillo, justo enfrente de mi habitación.

Muy bajito le digo al Pifa:
- ¡Me largo por patas a toda hostia que creo que están en la cocina!
- ¡Suerte!

Pensaba salir como un vendaval y arremeter contra el que intentase cortarme el paso.
Cuelgo con mucho cuidado, tomo aire, cierro los puños y salgo por el pasillo a toda leche… a la tercera zancada oigo un grito de terror de alguien frente a mi y como unos vasos que se rompen.
Freno en seco, abro un ojillo y veo a Tania sola, mirándome con cara de pánico terminando de gritar.
A mi de los nervios casi ni me salían las palabras pero es que ella no podía ni moverse.
-¡Tania!, ¿Qué haces aquí?
- ¿Y tu…? Yo… a recoger unas tazas (que ya estaban hechas añicos por el suelo) y a llamar a Andrés.
Contesta con los ojos abiertos como un pez y sin pestañear.
- Ven aquí!- le digo con los brazos extendidos hacia ella y nos fundimos en un abrazo intentando que el miedo nos abandonase.

Desde la posición de Tania esto fue lo que sucedió.
Fran, Andrés y ella fueron los últimos en dejar el piso. Como salieron con prisas se dejaron alguna cosilla y para recogerlo Tania se quedo con unas llaves.
Dos días antes de esa noche, fue al piso, recogió lo que quedaba, hablo con Andrés y se marchó y ese día echó en falta unas tazas que habían comprado en no se donde.

Volvió a repetir lo que hizo dos días atrás. Llamo al telefonillo un par de veces y como nadie contestaba y todas las luces estaban apagadas pues subió.
Entro con su llave y se fue a la cocina a buscar las tazas, abrió los armarios y cuando las encontró las cogió y se encamino por el pasillo hacia mi habitación que era donde estaba el teléfono.
De repente sale un tipo de la oscuridad como un toro desbocado directo hacia ella y del susto pegó un grito y un salto hacia atrás y lanzo las tazas por lo alto rompiéndose estas en mil trozos.
Ella que estaba tan tranquila pensando que la casa estaba vacía, se llevo el susto de su vida. Me dijo que en ese instante se le paso por la cabeza de todo y nada bueno. Pobre!

Cuando nos tranquilizamos un poco, todavía con la risa nerviosa, vuelvo a llamar al Pifa para contarle lo sucedido que el hombre ya se había montado su película y me veía flotando boca abajo en el Tamesis…

Esta anécdota, que no quedo más que en un sustillo, me lo tome como una señal de que era mejor no tentar más a la suerte y no volver más al piso. Antes de marcharnos dejamos las llaves en la mesa de la cocina y cerramos esa puerta por última vez.

Como venia diciendo, antes de lo del teléfono que es que me lío, algunos amigos también cambiaron su situación como Jose que ya no vivía en la Holland ni trabajaba en el Marche. Había encontrado un curro algo mejor pagado en el Hard Rock y ahora vivía con dos de sus amigos ingleses en Pimlico. Esto le sirvió para mejorar mucho su inglés.

O Gloria, que se había mudado de su residencia a un piso compartido con una pareja de escoceses y una chica inglesa en Waterloo.
Poco a poco fui perdiendo el contacto con las andaluzas, con Eloy el gallego, Salva el valenciano… Que os voy a contar de la gente que va y viene!

A la Holland seguía acudiendo con regularidad pues aun me quedaban muchos conocidos y siempre que se organizaba un sarao, ya fuese en la misma residencia o fuera, me pegaban un toque. En una de aquellas fiestas conocí a Isabel. Isabel, al igual que Mª Mar, era de Zaragoza, tenia 22 años y durante un tiempo mantuvimos un romance pero como esto requiere su tiempo ya lo contare un poco mas adelante. En la siguiente historia os hablare de chicas y lo que me pasó con alguna de ellas, que es que hay cada una…

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