Como comenzó y como acabó, parte III
Lo del tiempo es curioso. Hubo gente que no cambio nunca, en todo el periodo que estuvo en Inglaterra, el reloj de la hora española.
Yo como no tenia, ni tengo reloj, no me preocupaba ese tema. Mucha gente dice que no puede vivir sin reloj. Cuando no tienes te acostumbras de tal manera que ves la hora por todas partes. Hay relojes en las tiendas, en las paradas de autobuses, el los bares, en las cabinas de teléfono, en la tv., en edificios… y cuando no has llevado reloj desde la primera comunión creas una capacidad asombrosa para aproximarte, con un intervalo de cinco minutos arriba o abajo, a la hora exacta.
Y si por alguna razón no hay autobuses, ni cabinas de teléfono, ni edificios, siempre habrá gente con relojes a quien preguntar… me he ido del tema, ya vuelvo…
Lo que decía, que llegamos el resto de pasajeros y yo, a eso de las cuatro al aeropuerto internacional de Heathdrow que es como una pequeña ciudad llena de gente de todas las nacionalidades con prisas de aquí para allá, tiendas de las marcas mas prestigiosas, cafés y carteles publicitarios, algunos iguales que los de España pero en ingles.
Me llamaron la atención los de las películas, que con el mismo cartel, en este no entendía nada. Habría que ponerse las pilas y rápido.
Recoger la bolsa en la cinta que devuelve las maletas no fue difícil. Seguí a la gente que sale del avión y como todo el mundo sabe o parece que sabe donde va, les seguí hasta que se pararon delante de la cinta. Espere, localice la bolsa y listo.
Una vez con mi equipaje intenté buscar un punto de información y a cada personaje con uniforme con el que me cruzaba ya fuese azafata, policía o limpiador le preguntaba “Informeision, plis?” a lo que ellos me indicaban señalando con el dedo en una dirección y explicando el camino que debía seguir.
Yo miraba con media sonrisa y asintiendo con la cabeza como si me enterase de lo que me decían y cuando terminaban les agradecía con un “cenquiu” y seguía la dirección marcada por el dedo.
La señorita del punto de información por desgracia no hablaba español pero si italiano y dadas las circunstancias no vendría mal. Me recomendó los típicos hoteles para turistas tipo bed&breakfast pero le hice entender que mi estancia, probablemente, fuese más prolongada que un par de días por lo que necesitaba algo más barato.
Calando el palo del que iba me sugirió unos albergues para jóvenes, normalmente frecuentados por estudiantes con presupuestos limitados. Como anillo al dedo!.
En un alarde de amabilidad la señorita informante no sólo me escribió la dirección y la estación de metro de uno de ellos sino que me fotocopió la hoja del callejero donde venía.
Ahí que me entrego mi fotocopia con el albergue marcado con rotulador fosforito, me señaló hacia donde dirigirme para coger el metro y se despidió con algo que yo interpreté como un “buena suerte” pero que mas bien quería decir “ve con dios”.
Contento con mi pequeño primer triunfo marché decidido hacia la boca de “tube”.
Al ser de Madrid estaba acostumbrado al metro por lo que en este sentido el metro londinense no me asustaba aunque pronto me di cuenta que tenía algunas diferencias.
Por ejemplo, no todos los trenes de una misma línea van al mismo sitio sino que unos llegan al final, otros se quedan a medio trayecto y otras líneas se bifurcan, que es lo mas complicado y tienes que fijarte hacia donde va el tren en el que te montas o te verás dando la vuelta cuando veas que no va donde creías.
Como todavía no sabia como funcionaban los “Abonos Transporte” de allí compre un billete sencillo de metro, repito, sencillo. No era posible que por un billete normal cobrasen lo que ponía en aquella maquina… al cambio me habría comprado un bono de diez viajes en Madrid!!
Luego me entere que el precio del billete variaba en función de la distancia a recorrer. Pero el susto no me lo quito nadie.
Sin mayores problemas me dirijo a la estación que la señorita me indicó y siguiendo la fotocopia del callejero al hostel.
En el hostel no quedaban plazas libres y me indicaron otro que se hallaba en Earls Court. Otra vez a que me sableasen en el metro…, a ese paso las 100.000 pelas se me iban a ir en viajes subterráneos.
En Earls Court tuve más suerte y pude compartir habitación con otros 20 elegantes caballeretes amantes de las buenas formas. Estaba tan emocionado que todo me daba igual. A partir del día siguiente tendría todo un año por delante para vivir mi particular London Experience…
Lo demás ya lo conocéis. Aquel fue el año más intenso de mi vida. Donde más disfruté y más vivo me sentí. Toda la gente que conocí, todas las experiencias, todas las alegrías y todos los fracasos me marcaron para siempre.
Sinceramente creo que crecí y mejoré como persona.
Yo no aprendí mucho ingles, solo el suficiente para desenvolverme y poder trabajar, para entender un poquito y hacerme entender pero mi objetivo no era el ingles, esa era la excusa. Mi objetivo era vivir y disfrutar haciéndolo y ese objetivo, os aseguro, que lo conseguí.
A través de estos relatos he mostrado algunas de las anécdotas que sucedieron, con sus momentos divertidos o tristes y con sus situaciones tensas o emocionantes. Nunca me he reído tanto como en esos doce meses y cuando rememoro escenas puntuales siempre veo a un grupo de amigos hablando y riendo. Con eso me quedo.
Nos vemos…
Escrita el 24 de
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