Como comenzó y como acabó
El 12 de septiembre volví a España. El día no fue casualidad. Escogí esa fecha y no otra pues un 12 de septiembre llegué y un 12 de septiembre me marchaba. Llamadme sentimental pero para mí tenía sentido.
Esa mañana me despedí del flaco muy tempranito y cargué con mis bultos lo mejor que pude camino del aeropuerto.
Salí de la residencia y comencé a caminar por última vez por la que era mi calle favorita, Gloucester Road. Llegue a la estación de metro donde conseguí mi primer trabajo y donde me di cuenta que el trabajo no es solo dinero. En aquella boca de metro conocí a mucha gente y se cimentaron los inicios de mi vida social.
No todo fue bueno, siempre hubo de cal y arena como la marcha de Mª Mar. Tras unos comienzos titubeantes llego la evolución y Jordi y otros cambios. Nos fuimos a vivir a East Putney y nos metimos en berenjenales casi sin darnos cuenta. Ahh… Londres que todo lo cambia… a veces pasa que no todo es perfecto e igual que no hay dos sin tres puedes tener tres en una y poco a poco llego la separación.
Tuve que buscar un hueco en la Belsize House donde conocí a algunas mujeres que… en fin, mujeres ¿Quién las entiende?. Aunque hubo una tal Isabel de buenos y malos recuerdos y pasamos nuestra primera noche juntos (para Lacasitos) no exactamente como esperaba.
También hubo noches memorables y aunque una mala noche la tiene cualquiera si he de sopesar sonrisas y lagrimas, ganan las sonrisas que para las lagrimas no hay nada como la recuperación y nuevos aires que te traen los amigos. Los amigos son los pilares de la vida pero, si entre maños anda el juego, había que tener cuidado pues agosto llegó volando y al final solo te queda recordar como comenzó y como acabó.
Al aeropuerto llegué con tiempo de sobra y mientras esperaba mi hora de embarque en un café, con esa mezcla de alegría y tristeza por la partida, comencé a recordar…
Un año y pico antes en tierra hispana…
¡Lo tengo decidido, me marcho a Londres un año!!.
Mi vida en Madrid no estaba pasando por un buen momento y era necesario cambiar de aires. Desde hacia unos meses me sentía vacío, tras una relación sentimental de cuatros años que terminó en fracaso, (lo que más me extraña es que durara tanto tiempo) y que me sirvió para perder a los pocos amigos que tenía solo me quedaban los estudios y la familia.
En cuanto a los estudios bien se podría hacer una pausa pues la facultad me aburría un pelín. Decidí estudiar sicología y no era lo que esperaba. Al menos, perfeccioné mi técnica al mus de tal forma que podría haber escrito una tesis sobre el mismo, pero eso no puntuaba para mi formación académica por lo que no sería una gran pérdida si lo dejaba durante un año.
Por otro lado la familia que, aunque no tenia de ellos ninguna queja, todo lo contrario, a mis 23 años siempre había vivido en casa con mis padres a la sopa boba y no había trabajado más que de forma testimonial unos días en un burger y otros reponiendo en un súper por lo que se puede uno imaginar lo pelao que estaba a base de paga semanal.
Para mi Londres sería una nueva etapa. Aprendería ingles, tan importante en los tiempos que corren, conocería gente nueva, trabajaría para ganar mi propio dinerito y viviría solo y a mi aire. En fin, me haría un hombre.
Estaba dispuesto a vencer a las adversidades y a quedarme en el corazón del Imperio Británico durante el tiempo necesario para cumplir los objetivos.
Aunque este entusiasmo no era compartido del mismo modo por todo el mundo. Eso de que me marchase solo a un país extranjero no le hacía mucha gracia a mi madre, vamos, mas bien ninguna. Ya se sabe como son las madres, serás su hijo rodeado de peligros, drogas y gente mala hasta que no cumplas los 50, casado y con dos hijos en edad de merecer.
Mi padre intercedía a mi favor, pasaba un poco del tema y no le daba más importancia que a cualquier otra decisión de mi vida. Para ser sinceros, la verdad es que casi siempre había sido un tío responsable que hacia del cinco raspao su numero mágico, poco amigo de maría pero íntimo del riojano.
Mis hermanos, en cambio, lo festejaban por todo lo alto. Yo pensaba que sería admiración por el mayor, que alababan las decisiones sinceras y meditadas, que valoraban que la gente dirigiese su vida hacia sus propios objetivos y no que la vida le dirigiese a él.
Aunque también me di cuenta que mi hermana disfrutaría de mi coche y mi hermano tendría para él solo la habitación antes compartida, pero estos eran temas menores.
Me quería marchar en septiembre, antes de que comenzase el nuevo curso universitario y alguno de mis progenitores pensase que quizá debía pensármelo mejor mientras empezaba otro año de sicología.
No podía demorarme y tenía que preparar un poco el viaje. Como ya he dicho era lo suficientemente responsable como para saber que había que hacer las cosas según un plan preestablecido y ese plan seria… seria… de momento no tenía ningún plan, poco a poco, poco a poco…
Mi conocimiento del inglés después de haberlo estudiado desde sexto de EGB a COU en colegio e instituto público español de barrio de clase media-baja podía ser, sin querer exagerar, más bien flojito, escaso, rudimentario, prebásico…
No miento si digo que sabía los números, confundiendo el 12 con el 20 y los días de la semana confundiendo el martes con el jueves. Por lo demás sabia decir mi nombre, el país de procedencia, mi ciudad, taxi, bus, ayer, nosotros somos los campeones, gracias y adiós. Creí que seria bueno echar un diccionario ingles-español por si se me quedaba algo en el tintero.
Otro aspecto importante sería tener ya un alojamiento para cuando llegase pero en este punto no estaba tan bien preparado como en el idioma.
Hay que tener en cuenta que allá por el 96, eso de Internet para el común de los mortales, no es que se tuviera el acceso mas o menos difícil es que prácticamente ni se sabia de su existencia.
No me quedaba otra que visitar una agencia de viajes. Me vendían un billete de avión, en clase turista de ida y vuelta, estancia en un hotel de tres estrellas durante tres o cuatro noches por un precio que me parecía tan astronómico que pensaba que podría pasar la mitad del año por lo que me cobraban por cuatro días.
Además, el viaje de vuelta no lo iba a usar por lo que tiraba más dinero. Así es que visto el panorama, compre un billete de ida para el día 12 de septiembre, no por nada en especial sino porque el ticket salía mas barato, mira ticket, sabía otra palabra.
En cuanto a dormir ya vería cuando llegase, no iba a ser tan difícil!.
Al principio, nada más llegar, me alojaría en un hotel pequeñito y que tuviese un ambiente hogareño. Que no fuese muy caro pero que estuviese limpio. Me lo imaginaba como una casita de dos plantas con diez habitaciones más o menos, con cortinas de florecillas, un jardincito y una mujer rellenita con los carrillos rojos en recepción, que también sirve los desayunos y es muy amable. Tan amable que casi le cuesta coger el dinero de la habitación… eso es lo que mi ignorancia supina imaginaba.
Para un tipo que nunca había salido de España excepto un pequeño viaje a Andorra (ahí es ná) pero eso no cuenta como extranjero, como decía, que nuca había salido de España, pronto aprendería que, en ocasiones, lo que uno imagina y la realidad pueden diferir en pequeños detalles.
Después, tras mi estancia en el hotel, buscaría una residencia de estudiantes o un piso compartido…, ya vería, ahora era yo el que iba a tomar mis propias decisiones.
Una vez en el alojamiento definitivo buscaría trabajo y una academia para aprender ingles que fuera compatible con el horario laboral.
Desde Madrid, en mi habitación, en casa de mis padres y con la cena esperando en la mesa no me lo pintaba mal. Bueno, bueno, bueno… Londres allá voy!!.
Escrita el 24 de
Feeds RSS