Carlos que no se enteraba de donde nos estaba metiendo y nosotros gesticulando cada vez que nos miraba a ver si nos lo podíamos llevar un momento de forma disimulada para hablar con él.
Pero no había manera, estaba en su salsa con aquellas señoritas. Cuando ya nos damos por vencidos dejamos las sutilezas y, excusándonos, agarramos a Carlos del brazo y lo llevamos dos metros más lejos, hacia el centro del autobús.

Le preguntamos bajito para que nos escuchasen las otras que chapurreaban español:
-Carlos, tío ¿no notas nada raro en la tía alta?
- No, ¿Por qué…?- responde como si le estuviésemos hablando del sexo de los ángeles.
-¡No mires, joder!, ¡Céntrate!- y es que, con lo borrachín que estaba, se volvía a saludar con la mano a las brasileñas- no nos hagas mucho caso, que lo mismo son cosas nuestras, pero para nosotros que hay gato encerrao.
-¿Cómo que hay gato encerrao?, ¿Qué son putas o que? De dinero no se ha hablado…!
- Pues putas no se… pero juraría que la alta es un travelo…- le contestamos haciéndole saber nuestras sospechas.
- ¡No me jodas!, ¿Seguro?
- Hombre, seguro en esta vida no hay nada pero… no os habréis morreado, ¿no?
-Nooo… pero esto me ha faltao- decía mirándose los dedos, casi juntando el índice y el pulgar- ¿seguro…? ¡cagüencristo!, ¿y que hacemos ahora?-preguntaba temiendo que la noche no iba a acabar como el pensaba.
-¡Pues largarnos!, ¿Qué coño vamos a hacer?, ¿No querrás preguntárselo?.
- No hombre, eso no…
- ¿Y tampoco querrás adivinarlo por ti mismo?- ya nos sonreíamos pues nos imaginábamos la situación cuando la tía sacase la sardina…
-¿Y por qué le decimos que nos tenemos que ir?
- No decimos nada, nos vamos y punto.
-Vale,- todavía dudaba- pero cuando nos vamos, cuando lleguemos a su casa
Mientras decía esto el autobús hace una parada, abre las puertas y se bajan unos pasajeros. Miro la puerta abierta, miro a Carlos y a Cesitar y al fondo las brasileñas que nos miraban interrogantes y digo:
- ¡Ahora, corred!.
Pego un salto y salgo del autobús por patas, Cesitar que estaba al tanto se lanza detrás de mi y Carlos que se vio solo y desarmado pensó “pies para que os quiero” y salió detrás de nosotros al grito de “¡Esperadme hijos de puutaaa!” pero yo que iba en cabeza y Cesitar dos metros detrás no parábamos, no fuese que los travelos se lanzasen en nuestra persecución como vampiros en busca de sangre fresca…

Cuando oímos que el autobús arrancó y nos aseguramos que nadie más bajó, paramos a tomar aire y nos juntamos. Carlos llega a nuestra altura y salta:
- ¡Que cabrones!! Casi no salgo y me quedo en el bus con el manolo y la manola!!
Nosotros nos descojonábamos, nos imaginábamos la cara que habrían puesto las brasileñas/os al vernos escapar corriendo, como si debiésemos la cuenta del restaurante, cuando unos segundos antes estábamos tan de buen rollo con ellas.

Evidentemente nunca supimos si eran o no. Lo mismo habríamos pasado una noche inolvidable pero también podíamos haber pasado una “inolvidable” noche. En ciertos temas mejor no arriesgar… (pero para mi, y esto que no salga de aquí, al menos la alta…ejem).

Cuando dejamos de reírnos y de cachondearnos de Carlos y su “novia” a los que ya habíamos casado y regalado cientos de maquinillas de afeitar, intentamos adivinar donde estábamos.
- ¿Sabes donde estamos?- me preguntan.
- No tengo ni la más remota idea…- respondo- pero no pasa nada, cogemos el primer autobús que vaya hacia el centro y en cuanto vea algo que conozca ya me sitúo y volvemos a casa.

Y eso hicimos, el primer autobús que pasó lo cogimos pero por un pequeño error de calculo, hacia el centro precisamente no iba sino más bien hacia las afueras pues, sobre todo por culpa mía, entre la noche, el alcohol y la carrera no me di cuenta de que nos montábamos en sentido inverso.

Lo malo fue que no me di cuenta hasta media hora después, cuando aquello ya no era ni Londres y solo quedaba en el bus el conductor, un pasajero que seguro que seguía vivo y nosotros.
Como no encontraba nada conocido el autobús seguía avanzando y cada vez mas lejos y para mi cada vez mas desconocido hasta que optamos por bajarnos en la próxima. Decidimos esperar el autobús de vuelta pero a mi esa calle me sonaba…
- Hey chicos, creo que se donde estamos. Podemos ir andando y quizá en una hora lleguemos, de todas formas a saber cuando pasa otra vez el bus…
¿Por qué no dirían? “No tío, mejor esperamos” y ¿Por qué dijeron? “Ah, vale vamos andando, si sabes llegar…”

La calle esa resultó que solo se parecía a una que me sonaba, que estaba…, que por allí tal vez… que no tenía ni idea!!! Nos perdimos ya del todo. Serían las cuatro de la mañana, ni un alma por la calle y eso ya no era ciudad, eran casas, como un barrio residencial. Ya no sabíamos si pararnos, seguir, volver… ya puestos seguimos caminando y si encontrábamos un metro, una estación de tren o una parada de bus podríamos esperar allí.

Pero caminando, caminando dimos con un edificio y en una de las ventanas se veía luz y se oía música y voces y risas de chicas.
Ese edificio debía ser un colegio mayor pero ¿en julio? Quizá fuese una residencia ¿pero tan alejada del centro?. No teníamos ni idea de lo que podía ser pero si que aquella oportunidad no la íbamos a dejar pasar, podría ser, al final, la mejor noche de nuestras vidas.
Si se trataba de un colegio, residencia o lo que fuese femenino y un grupo de tías estaban haciendo una fiesta, seguro que por la hora que era, algo chispas estarían… y de pronto aparecían tres tíos y no tres tíos ingleses, tres tíos españoles de cepa, tres latin lover… bueno, no se si latin lover… pero dispuestos a darlo todo y poner toda la carne en el asador si.

Contamos las ventanas para no equivocarnos y entramos en el edificio con decisión y mas calientes que el brasero de la Juani. En el Hall dos escaleras a derecha e izquierda, la nuestra era la derecha. Subimos. Esa escalera terminaba en una puerta que daba a un pasillo. Ya quedaba menos. Nos repartimos unos chicles de menta y llegamos a la puerta. La puerta tenía un cristal grande por el que se veía el pasillo. Ya estamos chicas…!!!

Al ir a abrir la puerta no se abría ¡¿Qué?!! Tiramos y empujamos pero nada. No tardamos en darnos cuenta que junto a la puerta había un cajetín con números y que para abrir esa puerta tendríamos que marcar un código ¡¡¿Por qué Dios, por que nos castigas así?!! A través de la puerta se oía música, estarían a 15 metros!!
Marcamos las series mas básicas, cuatro unos, cinco unos, del uno al cinco del cinco al uno… pero no sabíamos ni siquiera de cuantos dígitos se componía el código. Aquello era imposible.

Esperamos por si alguna chica salía y al vernos a través del cristal le entraban ganas de sexo y nos abría… pero no apareció nadie y al cuarto de hora pensamos que si alguien nos veía mirando por el cristal seguro que se asustaba y llamaría a la policía y mas líos… y a dar explicaciones de que hacíamos allí cachondos perdidos… total, que nos marchamos con el rabo entre las piernas.

Habría sido tan bonito, una experiencia única… habría sido una peli porno con nosotros de protagonistas!!!

Nos volvimos a la solitaria calle del olvido y continuamos caminando olvidando lo que fue e imaginando lo que pudo haber sido…

Empezaba a amanecer y de vez en cuando ya pasaba algún coche. Vimos algo que creía que ya no se hacia. Un camioncillo parecido los que salen en las pelis americanas repartía leche en las puertas de las casas. Eran botellas de cristal de casi un litro y con una leche excelente, lo sé porque a una de las casas le quitamos una botella y nos la bebimos entre los tres.

Seguimos caminando y nos topamos con un quiosco. Junto a él había una columna con bricks de leche de una pinta cada uno. Había lo menos doce cajas con unas doce pintas de leche cada una. La tentación fue demasiado fuerte. Buscamos en las papeleras cercanas bolsas y cuando conseguimos tres, cada uno de nosotros nos hicimos con una caja.
Así cargados continuamos nuestro camino sin destino hasta que preguntando a un señor que paseaba a su perro, nos oriento hacia una estación de tren. Después de los correspondientes transbordos llegamos como a las siete y media de la mañana a la residencia.
Nos cruzábamos con la gente que se iba a trabajar. Cuando Carlos y yo llegamos a la habitación, el flaco acababa de levantarse.
- ¡Coño!, ¡Vaya horitas… y vaya caras!, ¿lo habréis pasado bien, no? ¿Qué traéis en las bolsas?.
- La leche para el desayuno…- responde Carlos.
- ¿De donde ha salido?
- Ya te contaremos que lleva su tiempo… yo estoy reventao… ahora mismo me tiro a la cama que a las cuatro entro en el bar.- respondí sin poder dar más de mi.

Lo que nos reímos recordando la nochecita flamenca… La verdad es que hubo días memorables pero todo se acaba, sobre todo el dinero y antes de que acabase ese mes de julio, Edu, Alberto y Juan se tuvieron que volver pues sus padres ya no les financiaban más.

Carlos, el flaco y yo compartimos habitación y Cesitar se quedo con Rafa y Juan Carlos. Como pasaba el tiempo!! Ya llevaba casi once meses y alguna que otra aventurilla si había vivido pero como mi plan era estar un año, aun me quedaba un mes más…

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