Para solucionar el problema del alojamiento de los maños en aquel día de la segunda semana de julio se optó por la solidaridad.
Como era imposible acoplar a cinco personas de tapadillo sin que se notase en la residencia hubo que coger una habitación baratita, en principio para esa noche y después ya se vería.

Hicieron un fondo para hacer frente a los gastos y así pagar el bed&breakfast. Tres de ellos se quedaron en aquel hotelito por la zona de Paddington. Carlos pasaría la noche en la acogedora moqueta de mi morada y Edu se quedaría con Rafa y Juan Carlos, los colegas del flaco, como estaba previsto.

Aquella tarde noche fue de traslado y posicionamiento. Como los chicos venían con más hambre que un piojo de peluca y teniendo en cuenta que era su primer día, el avión y tal, hice una excepción en mi plan de austeridad económica y fuimos a un Burger King.
Recuerdo que pidieron como si estuviesen en España, patatas y Coca Cola grandes, aros de cebolla, un Sandy… sin miramientos, en una palabra. Al terminar alguno se había dejado unas patatas y tan fresco que se levantaba para irse.
Puedo soportar los excesos en un día puntual como aquel pero que se dejasen comida en la mesa, eso si que no!. Les di un consejo que creyeron exagerado pero que luego, ellos solitos, descubrieron que era la más cruda realidad teniendo en cuenta las circunstancias… “Comeos todo, no dejéis nada aunque no tengáis hambre que nunca se sabe lo que comeremos mañana”.

Luego, en un acto de inconsciencia, querían ir a un pub a tomarse unas pintas. Yo que ya me conocía el percal si dejo que entren y empiecen a pintas el fondo se habría esfumado esa misma noche sin la más mínima duda por lo que, aunque les desilusionase, allí el veterano era yo, mejor unas cervecitas en lata y a disfrutarlas al aire libre de humos en un banco.

Tras las birritas cada uno a sus aposentos. Cuando por fin nos quedamos Carlos y yo a solas le pude preguntar abiertamente:
- ¿Pero como se te ocurre aparecer con toda la banda?
- No he podido evitarlo- respondía encogiéndose de hombros- ya sabes que te dije que vendría con Edu, pues unos días después Cesitar y Alberto, que no tenían ningún plan, que dicen que se vienen y… ¿Qué iba a hacer? Además, ya los conoces…
Era verdad y me caían muy bien…
- Vale, ¿pero Juan?- Juan no era de Zaragoza, era de Madrid y de esas amistades raras que solo te veías durante los días de playa y el resto del año ni una llamadita.
- Lo de Juan no lo sabía ni yo, me lo he encontrado en el aeropuerto.
- ¡¿Cómo?!
- Pues que hace unos días me llamó para preguntarme que cuando iba a Salou y le dije que me venía con Edu a verte a Londres y me dice “¡Como molaría ir…!” y le digo “Pues vente” pero de esas cosas que se dicen por decir sin esperar respuesta pero va el tío y me pregunta que cuando nos vamos Edu y yo… abreviando, que dice que si, que se viene y que nos vemos en Heathrow y le respondo “Pues venga, allí nos vemos…” imagínate!!! De esto hará una semana y no volvimos a hablar y hoy salimos con nuestras maleticas y lo primero que vemos es a Juan de frente, tan pancho, esperándonos…
- Pero vamos a ver, ¿vosotros no habéis salido de Barcelona?.
- Si.
- Y él de Madrid ¿no?.
- Si, si…
- ¿Y no habíais quedado a una hora ni nada?.
- ¡Que va! Yo le dije hace una semana que hoy saldríamos de Barcelona pero no le dije ni a que hora ni nada… ha dado la pura casualidad que él ha llegado un poco antes y ha visto en los monitores que llegaba un avión de Barcelona y de chiripa era el nuestro… pero podíamos no haber venido o haber venido otro día o haber llegado antes y habernos ido… él me dijo “allí nos vemos…” y yo “venga vale” pero ¿como iba a imaginar que el cabrón hablaba en serio y se iba a plantar aquí?.
- Bueno, pues nada… si ya esta aquí.

Al día siguiente pregunté si había alguna habitación libre y me contestaron que no pero que en una semana o antes si. Le dije al manager que me quedaba con dos, una triple y una doble pero que ese mismo día llegaban unos amigos y que si podía instalar unas camas supletorias. Sin problema.
Así estuvimos unos cinco días, los otros en el hotel, pues no iban a encontrar una residencia para tan poco tiempo y Carlos y Edu en las supletorias.

De los que fueron solo Cesitar tenía intención de quedarse más tiempo y trabajar. A los pocos días consiguió un puesto en una cafetería en la estación de Victoria y allí estuvo hasta octubre. Los demás habían ido de vacaciones y solo gastaban y no ingresaban, lo que a corto plazo tendría sus consecuencias.

Por mi parte, en el bar estaba cada día más cómodo. La relación con los compañeros era buena, en especial con Laila y Ana y me gustaba poner pintas y recoger los vasos cuando se las bebían haciendo una torre altísima con decenas de pintas que apoyaba en el hombro ante las expresiones de admiración de los clientes (les encanta que hagas torres con los vasos… están locos estos ingleses).
Me manejaba con soltura tanto con los grifos de cerveza como con la maquina de café, pues por las mañanas aquello era un hervidero de gente que iba a coger el tren a Paris y ponía cientos de cafés de todo tipo.

Como los maños no tenían nada que hacer, de vez en cuando venían al Bonaparte a tomarse algo o venían a ultima hora a buscarme y yo les sacaba unas pintas “baratas” (hay quien no aprende…) y luego salíamos por ahí.

En cierta ocasión tuvimos una de esas noches especiales que quedan para el recuerdo.
Unos tipos de la residencia tenían unas entradas de esas que son gratis si entras antes de cierta hora. Como tampoco teníamos mucha pasta y unas entradas gratis no las íbamos a rechazar, aceptamos su invitación y fuimos con ellos.
Yo no conocía el local pero estaba un poco alejado (de ahí que las entadas fueran gratis).
En aquella ocasión solo fuimos Cesitar, Carlos y yo pues los otros habían conocido a no se quien y tenían otros planes.
Bebimos unas latas durante el trayecto de ida y unas pintas después, antes de meternos en la discoteca. El garito no es que fuese gran cosa pero la bebida no era demasiado cara y gente si había por lo que enseguida nos separamos del grupo con el que íbamos y comenzamos nuestra propia búsqueda.

La noche iba pasando y nosotros con poco éxito pero sin perder la esperanza. Cuando ya creíamos que nos íbamos a volver como habíamos llegado viene Carlos, que llevaba un rato missing y nos dice que ha conocido a dos tías, que vayamos que nos las presenta.
Las dos tías eran brasileñas mulatas, una de ellas no valía mucho, debía ser la amiga simpática, pero la otra era de alta como nosotros y con un cuerpazo que saltaba las costuras.
Tras las presentaciones dice Carlos “Chissss, que dicen que si vamos a su casa…!” Carlos iba pero bien tajao, y le decimos “pero si son dos y nosotros tres, que vamos a hacer?”, “ya se nos ocurrirá algo…” respondía con mirada picantota dándote con el codo. Total que nos fuimos con ellas.

Carlos que llevaba la voz cantante iba en medio de las dos y Cesitar y yo detrás haciendo el cuadrante de turnos. Tuvimos que correr un poquito porque justo en ese momento llegaba el bus nocturno que nos llevaría a su casa.

Cuando subimos nos vamos hacia el fondo del autobús y con la luz nos vemos mejor las caras y escuchamos hablar a la brasileña alta… Cesitar y yo nos miramos arrugando el entrecejo mientras Carlos estaba tan animao que intentaba hasta seguir una conversación en spanglisportuguis.

Cesitar y yo que volvemos a mirarnos de forma cómplice y asentimos muy ligeramente con la cabeza. Negros nubarrones se aproximaban. Carlos a su rollo y nosotros cada vez más convencidos…

Seguir leyendo, volver al índice