Evolución II
En un par de ocasiones habían venido a dormir (solo a dormir) alguna de las andaluzas, pues ya dije que su residencia cerraba a las 12 y entonces si íbamos un grupo nos distribuíamos y, por ejemplo, tres a una habitación y otras tres a la mía y arreglado.
Como mi habitación era compartida guardaban las formas y procurábamos ser sigilosos.
Bien, pues el día que colmo el vaso de la paciencia de Nino ocurrió que nos habíamos quedado hasta que nos echaron de una fiesta española en Hammersmith. Las personas que podían haber acogido a las niñas en sus habitaciones se habían marchado hacia tiempo y yo fui el único que me quede con ellas, tajao y dando palmas.
En esto que nos cierran el local y las chicas que no tenían donde ir y yo que tampoco las iba a dejar en la calle (soy un caballero), entre las copas, lo animao que estaba y esas cosas que se hacen cuando vas bebido, suelto “chiiissss, no preocuparse, vamos a mi habitación” y marchamos para allá.
Intentamos entrar de la forma mas silenciosa posible pero siete chicas (también iba Cristina) que sino borrachas, si con ese puntito tan salao que todo te hace gracia, con ese arte que tenían… empiezan a hacer chistes de cómo vamos a dormir y, no se si os pasa, que cuando no te puedes reír todo te hace mas gracia…. A mi me ocurre.
Tiramos el colchón al suelo y menos sueño… ahí había unas ganas de cachondeo… chistes, bromas, una que enciende un cigarro, yo que al principio intentaba mantener el orden, lo doy todo por perdido y saco unas latas de cerveza que tenia en el armario.
Nino con los ojos como platos, Matthew media vuelta y a lo suyo y yo “…Nino tío… que quieres que haga…”.
Nino, que era un tío como la copa de un pino, en lugar de ponerse hecho un basilisco y echarnos a todos de allí, que habría sido lo mas lógico, aguanto el chaparrón.
Al día siguiente, ya calmado, me comunica que ha pedido que cuando quedase libre un sitio en otra habitación le cambiasen. Yo vuelvo a disculparme y le prometo, al 50%, que eso no volvería a pasar. Nino contesta que seguro que volvería a pasar y que como nos llevábamos muy bien y para que no terminásemos mal, mejor que él se cambiase.
Entre nosotros todo siguió igual, cuando podíamos desayunábamos juntos y continuamos nuestra amistad pero ya en habitaciones diferentes y cuando alguna vez, sin yo querer, se me iban las cosas de las manos, enseguida llegaba Nino a vacilarme un poco…
Por eso digo que quizá tuviese algo que ver en la marcha de Nino. Pero como no hay mal que por bien no venga la cama que dejo Nino la ocupo Jose y entonces fue cuando santificaron a Matt y le quito el puesto al Santo Job. Contare una con Matt.
En ocasiones hay bromas con las que te ríes al momento de hacerlas, para otras, en cambio, debes esperar pacientemente.
Matthew cuando salía con nosotros solía volver un poco afectado.
En una de esas salidas, a la vuelta estaba tan mareado que entre Jose y yo le ayudamos a subir a la habitación y a meterse en la cama. Yo sabia que en un cajón de su mesilla tenia su cámara de fotos y, como nosotros tampoco es que estuviésemos muy serenos, se nos ocurrió coger la cámara e inmortalizar el momento.
Para darle un toque mas simpático desplegamos las páginas centrales de las revistas que había encontrado e hicimos gestos, pusimos caras y no falto el clásico calvo ante a un Matt tan tajao que no se enteraba de nada.
Tuvimos que esperar unos días hasta que Matt fue de visita a casa de sus padres y su madre fue a llevar el carrete a revelar. Cuando Matt volvió no trajo las fotos, se las habían confiscado, pero verle con esos ojillos azules haciéndose entender para contarnos lo que su madre opinaba de nosotros hizo que mereciese la pena la espera.
Matt era un tipo entrañable. Se marcho para las fiestas de Navidad y ya no volvió. Nos carteamos de vez en cuando y la ultima noticia suya que tuve fue un christmas en la Navidad del 99, tres años después, donde me indicaba su nueva dirección y me invitaba a visitarle siempre que “… no traigas a 50 personas a dormir en mi alfombra.” De nuevo Matt, un gran tipo.
Con Jose en la habitación sucedió una cosa curiosa. Fue algo parecido a lo que le paso a Nino conmigo. Jose y yo nos llevábamos mejor en habitaciones separadas que compartiendo una.
Si tenemos en cuenta que trabajábamos en el mismo sitio, vivíamos juntos y muchas veces salíamos juntos, eso era demasiado tiempo con la misma persona.
Jose tomaba unas confianzas, que aunque eran tonterías, me molestaban. No tenia inconveniente en que usase mi pasta de dientes, el desodorante o el gel cuando le hacia falta pero si lo coges, déjalo en su sitio!
Otra cosa que me molestaba era que cogiese el vaso de agua que me había agenciado del comedor y después de tomarse un café en él (había una maquina de café pero odiaba los vasitos de plástico) no lavase el vaso! Coge uno del comedor y no cojas el mío y, si lo coges, lávalo! Pues nada, oye.
Y por ultimo, las velas, esas con las que me calentaba las baked beans. Las cogia para hacer un chinete de esos de cera sobre una botella… coño! Cómprate tus velas y no gastes las mías que las necesito.
Aunque hablamos del tema varias veces, al día siguiente lo mismo.
Por cosillas como estas fue por lo que cuando Fran y Andrés me propusieron que nos fuésemos a un piso yo acepte. Además, Fran y Andrés no congeniaban con Jose y a la inversa. Por eso me decidí por los gemelos para la nueva etapa.
Y así iba evolucionando mi vida. Algunos se marcharon y otros llegaron. Se hicieron nuevas amistades que irían creciendo con el tiempo y otras que se debilitaban. Pero no me arrepiento para nada de haberme mudado al nuevo piso pues hubo de todo desde fiestas, chicas y risas a discusiones y peleas, nuevos trabajos y hasta hubo quien paso alguna noche en el calabozo de la Comisaría.
Escrita el 30 de
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