Inicios de mi vida social II
En esta casa a la que acudí el dueño (o dueños, pues no conocí a ninguno) era un autentico profesional.
Cada “invitado” podía llevar la bebida que quisiese y consumirla solo o compartirla, pero como siempre se cuelan gorrones que van por la cara o por si alguien se acababa lo que traía, el tío había montado un chiringuito donde vendía las latas de cerveza a un pound y aparte hacia minicubatas…, ya digo, un profesional ante el que me quito el sombrero, hacia una fiesta y en lugar de palmar pasta la ganaba. Redondo.
Aquel día llegamos a las nueve y nos marchamos a las once y media que las niñas tenían que llegar a su hora. Por mi me habría quedado pero ya que había ido con ellas lo correcto era marcharme con ellas.
Esa fue mi primera toma de contacto con las fiestas londinenses.
Mas adelante cuando me fui a vivir a un piso con unos amigos y las fiestas las organizábamos nosotros solo teníamos una premisa: se invitaba solo a chicas que los chicos ya vendrían solos, y así era…
A los pocos días unos conocidos de la residencia de Mª Mar me invitaron a otra fiesta, mas sencilla que la primera, y les pregunte si podía llevar a las andaluzas. Después de explicarles quienes y como eran ¿podían negarse?.
A esa misma fiesta también irían Mª Mar y Sara y quizá fuese una buena oportunidad…
Total, que mas o menos a la hora convenida, me planto allí con unas birritas y con las siete niñas…. Triunfé.
Los tíos saben de lo que hablo pero lo voy a explicar por si hay alguna fémina que no sabe a lo que me refiero con “triunfe”.
Si unos tíos invitan a otro a una fiesta y este aparece solo, o lo que es peor, con otro tío, eres de normal a un triste.
Si, por el contrario, te invitan a una fiesta y apareces con siete chicas de buen ver acabas de subir tu cache al instante y eres de genio a figura, admirado y envidiado a partes iguales. Los tios somos asi…
La fiesta estaba bien y el ambiente era bueno, pero las niñas, cual Cenicienta en su baile, volvieron a marcharse antes de las doce.
Como su residencia estaba a unos 400 metros partieron solas.
En esta segunda fiesta ya si me quede, y con todas las consecuencias. Intente cortejar (siempre me ha gustado esta palabra ) a Mª Mar y sabe Dios que utilice casi todo lo que tenia, alguna insinuación sutil, alguna no tan sutil, derroche simpatía y hasta un “ a ver si la pongo celosa bailando con otra…” pero nada.
Mª Mar era dura como una roca, se reía mucho si, lo cual es un principio, pero no una conquista.
Me veía a mi mismo como ese montañero que recién llegado al Himalaya pone los brazos en jarras y mirando a la cima dice “ no me queda ná…”
Las horas fueron pasando y Mª Mar y yo nos despedimos. Bajó con Sara a su habitación y yo me quede con los pocos que quedaban bebiéndome lo poco que quedaba.
Ya no había metro y no tenia ni idea de donde y que autobús nocturno debía coger para llegar a Victoria (casi cualquiera inútil…!) los inquilinos de la habitación, David y David, me ofrecieron quedarme a dormir allí.
Acepte, of course, además al día siguiente tenia que ir a currar y así estaba al lado. Al final cuando todos se marcharon solo quedamos los David, otro chaval y yo.
Aquella noche, un poquito afectado por los efluvios del alcohol, a pesar de haber acudido con siete chicas y haber tonteado con Mª Mar tuve mi primera experiencia en algo totalmente nuevo para mi. No lo había hecho nunca y al principio fue algo raro e incomodo pero no tarde en acostumbrarme.
Dormí en el suelo por primera vez.
A los 23 años te despiertas, das un salto, te lavas la cara y a funcionar… si duermes en el suelo no te duele la espalda, si no has bebido en exceso no hay resaca y si la hay dura solo unas horas!! Divina juventud, que rápido pasa…!
Y así, en menos de tres semanas desde que empecé repartiendo publicidad, había conseguido tener plan para todos los días. Unas veces, había sarao con las andaluzas, otras en las residencia de Mª Mar donde ya conocía a varios de los españoles que vivían ahí desde la fiesta de los Davides y que luego me encontraba a la entrada del metro.
Otros días surgía algo en la residencia y para salir por Londres estaba Jose que tenia otro grupo de amigos o, de vez cuando, quedaba con sus compañeros de Marche a los que también conocía y salía con ellos.
Jose y yo cada vez nos hacíamos más colegas. Como vivía en Clapham con una familia y aquello era un coñazo comencé a invitarle a la Holland cuando salía del trabajo. La residencia y el ambiente que allí había no tenía nada que ver con su casa y me dijo que quería trasladarse ya. Entonces, al día siguiente, hable con el manager y a la primera que hubo una plaza libre pudo venirse a la residencia.
Así se fueron desarrollando mis primeras semanas en Londres. En estas líneas he contado solo una pequeña parte de lo que me sucedió pues cada día era una aventura.
Como veis el ingles no era una de mis prioridades y mas adelante lo echaría en falta pero en aquel momento casi todo era excitante, novedoso y divertido, y digo casi todo, porque tuve mis problemas y pase mis dificultades pero en esta historia, y como los recuerdos son míos, solo quería que aflorasen los buenos que para los malos ya habrá tiempo…
Escrita el 29 de
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