Isabel parte II
Yo que paso por allí una mañana, los veo y pienso “Anda que a este le van a levantar los pantalones en breve”, pero no. Allí se pasaron los pantalones todo el día. Al día siguiente ahí seguían y al tercero también.
Termino mi jornada y me voy a la habitación a coger el gel para ir a la ducha cuando paso por delante del sillón y veo los pantalones, que juraría que me estaban saludando.
Muy mojados debían estar esos pantalones para llevar allí más de tres días o algún residente se los había dejado olvidados al marcharse, me digo “estos se vienen con papi” y esa misma noche me los puse para ir a ver a Isabel.
A la vuelta me encuentro a Eric acostado pero despierto en su parte superior de la litera con la maleta sobre la mesa y le pregunto que a que se debía.
Me responde que ha discutido con el Jinkly y que se marcha pero sin avisar y, por supuesto, sin cobrar pero que para lo que le pagaban le daba igual. Que a las cinco de la mañana se iba. Estaba muy cabreado.
Mientras yo me iba desvistiendo me dice:
- No encuentro unos vaqueros que lavé el otro día y que los puse a secar en el sillón de fuera… los has visto?
En ese momento tenía los pantalones en la mano pero automáticamente y para que no pensase que era un cara le respondí sin pensar “No”
Mierda!, ya no podía decir que creía que los habían olvidado y que los había cogido yo sin quedar fatal. Medio escondo los pantalones y me acuesto dándole vueltas a ver como podía solucionarlo.
No había forma para devolvérselos sin que pensase que en un primer momento quise quedármelos. Al final, en vista de que se marchaba en unas horas y no lo iba a volver a ver, me di media vuelta y a dormir. Perdón Eric, me pudo la vergüenza.
A la mañana siguiente le digo a Oliver, el cocinero, que Eric se ha marchado y él se lo dice al Jinkly. Este que se pone como si los platos los fuera a fregar él (Eric consiguió su objetivo) y llama a la central para que manden a alguien.
Hasta dentro de tres días no vendría nadie. Una de las francesas haría de kitchen porter. A mi me apareció una sonrisa… tres días la habitación para mi solo. Como coincidía con un día libre de Isabel, ésta se podría venir a pasar la noche conmigo.
En realidad estaba prohibido que alguien pasase la noche en las habitaciones del staff y si eso pasaba debías avisar y te cobraban la mitad de la tarifa diaria, es decir, doce libras. Pero, ¿Quién se iba a enterar?
El día que vino Isabel quedé con ella a las nueve y media en la puerta de la residencia. Iríamos a tomar algo al pub y luego volveríamos a la habitación y si tenía que pasar algo que pasase y si no pues ya llegaría, eso no iba a ser acoso y derribo. Debía salir todo natural, sin forzar la situación, que fuese una experiencia inolvidable…
A la hora acordada Isabel estaba allí. A mi me había dado el tiempo justo para terminar, ducharme y arreglar un poquito el zulo (lo que viene a ser estirar el edredón) y darle ese toque especial dejando encendida una barrita de incienso.
No la llevé al pub al que solía ir con la gente de la residencia, solo faltaba que me encontrase con Carmen la de los macarrones o con algún conocido y soltase alguna gracia. La lleve a uno más alejado pero donde disfrutaríamos de intimidad.
Mientras tomábamos algo no voy a negar que estaba un poquito atacao de los nervios, aunque en el arte del disimulo tenía mi práctica…
Imaginaba que Isabel estaría en la misma tesitura que yo y por eso debía aparentar seguridad.
A las mujeres les gustan los hombres decididos y seguros y no los pusilánimes e indecisos. Desconozco como lo pasaran las mujeres en esos momentos previos a la posibilidad de mantener una primera relación sexual con alguien, no la primera de las primeras (cosa que también desconozco), pero se como es para los hombres.
Tienes que hacer que ella este relajada, que no note tus deseos (aunque se lo imagine, que no los note), el humor siempre es bueno pero no te pases y parezcas un graciosillo que pierdes la tensión sexual en segundos, nuca hablar de otras mujeres y céntrate en ella como si fuese lo mejor que te ha pasado, educado pero sin empalagar… como veis, mujeres del mundo, no es fácil, claro que esto es solo cuando sientes algo por la chica mas allá de la pura atracción física e Isabel era de estas.
Tras el pub, fuimos caminando despacio, de la mano, en dirección a la residencia. La noche era clara y no hacia mucho frío, solo una agradable brisa.
Cuando llegamos a la residencia me cerciore de que no nos viese nadie y bajamos a mi habitación. Al entrar se podía oler el ligero aroma del incienso, cerré la puerta, le puse las manos en la cintura y posando la mirada en sus ojos, como si fuese la primera vez, empezamos a besarnos…
Escrita el 29 de
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