Habían pasado dos días desde la fiesta en que conocí a Isabel. Me moría de ganas de volver a verla pero tuve que esperar a otro día que ella librase porque si iba por la noche, entre que terminaba a las nueve, luego una ducha, metro y llegaba a Victoria, como mínimo me daban las diez y media y ya no tendría tiempo para nada.

Ayudado por Raquel en plan Celestina conseguí una cita.
Raquel primero tanteo un poco para comprobar si mis sentimientos podían estar correspondidos e Isabel, que había oído rumores de mi (y eso nunca es bueno), le preguntó si no estaba medio liado con la inglesa. Raquel le quitó importancia y arreglo i metedura de pata, no se que le diría, pero como confiaba ciegamente en su criterio, seguro que me dejó bien.

No como una víbora amiga de Isabel, una peluquera de Vigo, que luego me enteré que me ponía de golfo pa’riba. ¿Pero que le había hecho yo a esa chica? Cortaba el pelo en la residencia por cinco libras y hasta fui cliente suyo. Propina no le deje nunca, pero no creo que fuese por eso…

El día que quedamos nos citamos a las once de la mañana en el WHSmith de la estación de Victoria, así si ella llegaba tarde podía entretenerme echándole un vistazo al Marca.
Llegamos casi a la vez y al saludarnos la noté contenta.

Tenía preparado un paseo por St. Jame’s Park que era, y sigue siendo, mi parque preferido. Como estábamos en la primera semana de abril ya no hacía tanto frío y se podía caminar con los tenues rayos de sol primaverales.
Mientras caminábamos por ese precioso parque fuimos conociéndonos un poco más. Esa chica tenía algo, tenía algo y no sabía que era. Lo tenia en el hombro, podría ser una caca de paloma? No, era solo una pelusa, y cuando me aseguré que era solo una pelusa, yo mismo, delicadamente, se la quité.

Nos sentamos en un banco a disfrutar del día, la compañía y seguimos hablando. Frente a nosotros había un árbol y en su base un solitario bolso grande y negro. Veía el bolso y a nadie cerca de él, la gente pasaba a su lado pero nadie le hacia caso.
Se lo digo a Isabel y nos quedamos observando el bolso. No se movía… muy quieto para un bolso perdido… al par de minutos me acerco, lo recojo y vuelvo al banco. Como el bolso pesaba es que algo llevaba dentro, elemental querido Watson.

A ver como explico esto para no quedar como un ruin… decidimos abrir el bolso y examinar su contenido. Lo primero que encontramos fue una bolsa del súper cerrada con un nudo. Dentro tenía dos sándwiches y un brick pequeño de zumo. Otras cosas del bolso eran un neceser de pinturitas y esas cosas, una cartera, un paquete de clínex, un boli, llaves… ya sabéis.

Abrimos la cartera y encontramos un DNI español de una murciana. Tarjetas varias y en el monederillo un billete de diez libras y monedas. La pobre también era de las que nadaban en la abundancia… pero ninguna dirección en Londres o número de teléfono, nada.
Nos quedamos sentados en el banco esperando que la dueña volviese, como no se iba a dar cuenta que iba sin bolso!!
Estuvimos más de media hora a la espera y por allí no aparecía nadie, el culo se nos iba a quedar plano. Entonces me acordé que en la estación de Victoria había como una Comisaría de Policía. Devolveríamos allí el bolso.
Continuamos nuestro paseo y nos dirigimos hacia el palacio de Buckingham. Daba gusto sentarse al solecito en las escaleras que hay frente al palacio (creo que se llama Queen Victoria Memorial). Daba gusto y hambre que desde que me había levantado a las diez para vestirme como un rayo, ir corriendo al metro y llegar a la cita por los pelos todavía no había probado bocado y esos sándwiches…
Temía quedar como un cutre en nuestra primera cita pero como creía que la conocía le digo:
- Mira Isabel, yo tengo hambre a si es que, si no te importa, me voy a comer un sándwich de estos que sino se van a echar a perder.
Y me responde:
- No, no me importa, pero ¿me puedo comer yo uno?
- Claro mujer, tu vete abriendo el zumo que yo te lo desenvuelvo.
Y nos zampamos los sándwiches tan ricamente al sol. La tía se mostraba natural y eso me encantó. Cuando los terminamos nos volvemos hacia Victoria y ese sándwich que ya había abierto el apetito… fue pasar por delante de una tienda en la que había bocadillos, refrescos, etc… y dejarnos invitar por los diez pounds de la murciana.

No es por defender a Isabel pero la idea fue mía, ella quería devolver el dinero y yo, que tenía mis principios, por ahí si que no pasaba, ¿Devolver un dinero que te has encontrado?, ¿Es que acaso nos sobraba? Esos diez pounds eran casi el 25% de mi sueldo semanal.

Del hecho en sí de devolver el bolso ya se encargó Isabel que a mi se me estaba haciendo un poco tarde y a las cuatro tenía que vérmelas con dos sacos de patatas.
Lo cierto es que la mañana no fue exactamente como el paseo romántico que había imaginado pero me sirvió para confirmar mi más terrible sospecha, estaba enamorado.

¿Sabéis eso de cuando te vas a despedir y alargas la conversación sin apenas decir nada para estar más tiempo con esa persona?
¿O cuando has quedado que sientes cosquilleos en el estomago? Algunos dicen que son mariposas pero hacedme caso que mariposas no son…
Pues eso me pasaba a mí.
Lo malo es que con su horario que era desde bastante temprano hasta la hora de comer y el mío que era de 4 a 9 lo teníamos difícil para vernos y no me quedaba otra que ir cuando terminaba mi turno.
Eso nos daba poco tiempo para estar juntos y aunque en la segunda cita nos besamos, en el plano íntimo eso no avanzaba. Que conste que no era mi prioridad, en esos momentos solo quería estar con ella, verla, tocarla y lo otro ya llegaría cuando tuviese que llegar.

Lo que se hacia un poco pesado era ir casi todos los días después del trabajo hasta su residencia y luego volverme.
En mi habitación yo seguía con Eric hasta que un día, sin previo aviso, decidió marcharse. Pero antes de contaros esto os contare una anécdota curiosa que me paso en la Belsize.
Como sabéis, en este tipo de residencias, entra y sale mucha gente. Cerca de las habitaciones del staff, pero donde podía pasar cualquier residente, en el respaldo de un sillón, alguien dejo a secar unos Levi’s 501.

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