La marcha de Mª Mar II
Nunca supliques o digas que es el amor de tu vida, que en cuanto la tía note que has perdido el orgullo, ahí ya si que no hay nada que hacer… En cuanto le des una pizquita de pena ya no se lía contigo ni por todo el oro del mundo… Dignidad!! Pero buscándole las vueltas…
Total, que sin que pareciese muy abatido por el planchazo y manteniendo la sonrisa, hago un par de bromas para relajar el ambiente y que volviese a reír. Al cabo de unos minutos y cuando lo considere apropiado, le hago una ultima insinuación medio en broma medio en serio pero que si quieres arroz Catalina.
Ya no lo volví a intentar más.
Nuca pases la raya y te conviertas en “el pesao”. Si en esta ocasión se escapa la pieza guárdate algo para el futuro, nunca se sabe las vueltas que da la vida…
Cogemos los abrigos y justo cuando voy a abrir la puerta oigo unos pasos a la carrera en la lejanía y según bajamos las escaleras se escucha una puerta que se cierra de golpe. No le di más importancia y salimos a la calle para dirigirnos a su residencia.
Del pequeño alboroto que se monto cuando abrí la puerta de la habitación no me entere hasta la vuelta y esto fue lo que paso:
Como habíamos alargado un poquito la cena llegamos a mi habitación un poco tarde.
Nino y Matt estaban en la sala de la tele a su rollo.
Lo que fuera que estuvieran viendo acabo y subieron a ver si el papel con la franja roja seguía en la puerta. Como así era volvieron a bajar pero Nino, que al día siguiente tenia que madrugar, subía de vez en cuando y pegaba la oreja a la puerta para asegurarse que estábamos dentro pues podíamos haber salido y yo olvidado quitar el papel.
Pues bien, en una de estas Nino pega su cabeza a la puerta y escucha como estábamos hablando justo al otro lado a punto de abrir.
Empieza a correr como un poseso por el pasillo pues temía que si le veíamos en la puerta le tomásemos por un salido que estaba escuchando.
El corre escaleras abajo y desesperado, con nosotros andando por detrás sin percatarnos de nada, busca donde esconderse. Ve la puerta de los aseos del rellano.
Dentro del aseo estaba Matthew echando una meada y pensando en sus cosas, Nino abre y se mete como un rayo cerrando tras de si. Matthew que estaba tan tranquilo se pega un susto de muerte y empieza a gritar a Nino que qué hacia, y a este no se le ocurre otra cosa que, sin tiempo para explicaciones rápidas y coherentes en ingles, lanzarse a por él a taparle la boca con los ojos desencajados por los nervios.
Matthew que intenta soltarse con la “cola” al aire y nosotros bajando las escaleras sin saber lo que en ese baño ocurría…
A la vuelta, cuando me lo contaron, nos descojonábamos los tres. Matthew, que no entendía nada, pensaba que Nino quería “hacerle suyo…” lo que nos reímos…
Pero volvamos con Mª Mar.
Cuando bajamos en Gloucester Road, ya en el ultimo metro ( me toco volverme en bus), fuimos caminando despacio hacia su residencia. Recordando el sitio exacto donde nos encontramos, donde luego fuimos a tomar aquella primera pinta… hasta que llegamos a las escaleras de la entrada de la residencia.
Allí tuvimos nuestra última conversación en Londres y al finalizar digo en plan peli romántica:
- Un beso de despedida…
Y responde como en un susurro.
- Si…
Y nos besamos de una forma que aun hoy recuerdo. Al separar nuestros labios le digo:
- ¿Quieres que suba?- y con una sonrisa un poco en broma pero por si colaba- Mira que es tu ultima oportunidad…
Sonríe y me dice que mejor que no, que así esta bien y le respondo:
- Así esta bien pero de la otra forma habría estado muy bien.
Y ella mirándome intensamente responde:
- Habría sido una pasada…
Agggggghhhh!!, tocado y hundido.
Ya si que nos despedimos y me marche solo, en aquella fría noche de noviembre, en busca de mi bus nocturno…
Cuando nos conocimos en el 96, Mª Mar tenia 25 años, había terminado derecho y se marcho a Londres a aprender ingles pues quería ser azafata de vuelo.
En enero del 97 empezó su curso y al terminarlo comenzó a buscar por las compañías aéreas. No tuvo suerte y, un poco a disgusto, se metió de pasante en un bufete de Zaragoza. Hoy es abogada.
Nosotros seguimos manteniendo el contacto durante varios años y como yo solía ir por su tierra y a ella le encantaba Madrid, de cuando en cuando nos veíamos y recordábamos los viejos tiempos.
Luego la distancia, la edad y el trabajo nos fue distanciando…
Ella fue la primera persona que conocí en Londres, la primera que bese y la primera que al marcharse me apeno.
Pero por fortuna todavía me quedaban muchas experiencias por vivir…
Escrita el 29 de
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