La marcha de Mª Mar
A mediados de noviembre ya llevaba dos meses en Londres y uno trabajando en el Marche. Por fin las cosas me iban mejor.
Económicamente, entre lo que ganaba en el restaurante y mi pequeño negocio de venta de tabaco, iba un poco mas desahogado. Me había hecho con un reducido pero fiel grupo de clientes entre algunos residentes de la Holland y el trabajo, entre los que se hallaba Ian, el manager escocés que daba buena cuenta de los Marlboro Lights. A mis padres les dije que en lugar de ingresarme dinero me lo mandasen en tabaco y cada semana recibía mi remesa.
En lo laboral sin problemas, excepto una vez que se me olvido poner la tapa en la batidora de hacer los zumos (era de esas de jarra) y puse a to Cristo perdido de plátano y leche, por lo demás estaba controlado.
Poco a poco iba cogiendo algo de ingles, tampoco como para ligarme a una de Oxford por la labia, pero íbamos tirando…
Y, en cuanto a salir, golfear, reír y esas cosillas seguíamos el plan inicial…
Solo un punto enturbio mi buen momento. La madre de Mª Mar llevaba un tiempo pachucha y ella no se encontraba muy cómoda tan lejos de casa y estaba un tanto preocupada.
En una semana volvía a Zaragoza. Tenía planeado volverse a principios de enero que era cuando empezaba el curso de azafata que quería hacer pero al final adelanto la vuelta.
Por culpa de los horarios ya no nos veíamos tanto como al principio pero seguíamos viéndonos con frecuencia.
Cuando estaba a solo dos días de la partida quedamos por última vez. Yo quería algo especial y había pensado en un restaurante italiano que estaba cerca de Victoria y, a su vez, cerca de la residencia… me seguís? Era mi último cartucho.
Jose, que a veces tenia ideas de bombero jubilao, va y me dice que por que no le digo que le he preparado una cena con velas en mi habitación y cuando llegue nos comemos unas latas de baked beans calentadas con las velas… pa haberse matao…!! Pues el tío seguía insistiendo, que si era muy original… que si seria gracioso… ese lo que no quería es que pusiese una piquita en Flandes!!! (que ya iba tocando)
Decidí seguir mi idea original e ir al restaurante. Bueno, tanto como restaurante… era poco más que una pizzeria pero estaba apañá y era todo lo que el contrabando de tabaco podía ofrecer.
Como no quería dejar ningún cabo suelto antes de la cita nos reunimos los tres de la habitación, Nino, Matthew y yo para dejarlo todo bien claro. Nosotros teníamos un pacto de caballeros.
Si alguno se traía a alguna chica con la que pudiese triunfar, los otros tenían que esperar en la sala de la tele hasta que terminase la faena.
Para que no hubiese errores o sobresaltos y alguno entrase sin saber que había otro dentro ideamos, al principio de la convivencia, un sistema para saber que la habitación estaba ocupada.
Las puertas de las habitaciones tenían un recuadro de corcho con chinchetas para que otros residentes pudiesen dejar recados en notitas.
En nuestra puerta había un simple trozo rectangular pequeño de papel blanco, eso indicaba vía libre, se podía pasar. Pero si le dabas la vuelta al papel tenia pintada una franja roja y el acceso estaba vetado. Hasta ese día siempre fue papel blanco…
Cuando llego la hora de marchar para la cita, Nino, Matt, Jose y algún otro me animaron como a un boxeador antes de saltar al ring se tratara.
Mª Mar había salido con nosotros, había estado alguna vez en la residencia y como estaba muy buena y era simpática todos la conocían y sabían lo que me gustaba.
Salí como un torero el día de su alternativa, seguro, con paso firme, con la camisa “plancha” (esto tenia su merito pues en lugar de planchar las camisas las colgaba húmedas de las perchas y así tiraba…).
Llego al restaurante y a esperar en la puerta. Mª Mar llego tarde, 20 minutos, como debe ser!. Guapa… pa desfilar! Sonriente… me da dos besos y olía… ahh, ese aroma…
Total que vamos adentro y yo pensando “ si se ha puesto así de guapa es por algo…” , y al rato… “Se imaginara cual es mi plan…?” , “…si pudiera leerle la mente…”
Durante la cena lo pasamos muy bien, risas, recuerdos de cuando nos conocimos… y de ahí no nos movimos hasta que no se acabo la botella de vino que ya se sabe que para estas cosas el vino siempre ayuda.
Terminamos de cenar y le digo que me acompañe a la residencia y así se despide de los chicos y tal… excusa mala, malísima pero que coló, bueno, coló porque ella quiso que colase que gilipollas tampoco era…
En la residencia “casualmente” no nos encontramos con ninguno de los más allegados y ya, a pecho descubierto, le digo que suba a mi habitación. Y sube. Y mi corazón empieza a acelerarse y yo para mi “Tranquilo Manolete a ver si te vas a poner nervioso a la hora de entrar a matar…”.
Le abro la puerta como caballero que soy y en cuanto entra, disimuladamente, en un rápido movimiento, vuelvo el papel con la franja roja a la vista.
Y allí estaba ella, radiante, con un brillo en los ojos… quizá por la emoción… quizá el vino… quien sabe.
Había llegado el momento, tenia que decirle lo que ella ya sabia pero debía ser, fino, elegante, embaucador… y observar su reacción y en ese momento de debilidad o duda, acercarme y besarla…
Ya os dije que yo tenia un plan para casi todo pero que raras veces salía bien, no?. Pues eso.
Después de entregarle mi corazón, ella coge y educadamente me lo devuelve.
Me dice que yo le gusto mucho, que ya le guste desde que nos conocimos, y que le encantaría estar conmigo pero que ahora se tiene que volver a España y no va a comenzar algo que tendremos que dejar…
“¡¿Pero que vamos a comenzar?!, ¡Si esto lo empiezo yo y lo acabo en una horita!, ¡ni que nos estuviésemos prometiendo para casarnos!”
Me dice que no es el momento…
“¡¿Momento, qué momento?!, ¿Estamos solos en una habitación, ella me gusta y yo le gusto!, ¡¿Qué momento quiere?!”
Que quizá en otras circunstancias…
“¡Pero cuanto Cosmopolitan ha leído esta chica!, vale, relájate, pon cara de entender lo que dice, que no esta todo perdido. Ha dicho que le gustas y parece sincera…”
Esta es una de esas situaciones en las que tienes que saber jugar bien tus cartas.
Hay que seguir en la línea atractiva, dejando ver que tienes algo que ofrecer y que si no lo coges tu, otra lo cogera… las tías son así, no digáis que no, si veis que esta rendido a vuestra voluntad ya no lo queréis pero si tiene un puntito que descubrir… y si hay otra que se lo va a quedar… antes para mi que para ninguna!!
Escrita el 29 de
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