La separación
El 20 de marzo del 97 el último inquilino del numero 39 de West Hill salio a hurtadillas del piso.
Cada uno seguía su camino. A algunos los volví a ver en Londres, a otros en Madrid y al Pifa nunca mas…
El por qué de abandonar el piso tuvo varios motivos…
Tres semanas antes.
A Arturo y a mi acababan de despedirnos del reparto de propaganda (que no repartíamos) de la academia, ya solo quedo Fran. De nuevo la búsqueda de un trabajo… que pereza daba. En casi seis meses ya había trabajado en la propaganda de la peluquería, el Marche, el chino y la propaganda de la academia, bueno, en esta última solo cogiamos los flyers y la pasta, pero también cuenta como ingresos…
El Pifa seguía tirando con el dinero que le mandaban de España porque como él, en realidad, fue a “curarse” de su depresión y no a currar…
Andrés seguía en el hotel y había conseguido un puesto para Tania por lo que ellos de momento iban bien.
En general podíamos sobrevivir pues no gastábamos mucho. El problema llego cuando a Andrés y al Pifa les detuvieron por el hurto de un pollo. El caso es que aquel día, casualmente yo no fui pues estaba liado en otros menesteres, no vieron el tema fácil y decidieron hacer la compra “legal”.
Al entrar notaron que el de seguridad les observaba más de lo normal y que les seguía con la mirada, esa mirada de segurata que viene a decir: ándate con ojo, chaval… Volvieron a salir y cogieron un carro. El carro volvió a llenarse de productos básicos de subsistencia, nada de lujos.
Algo debía pasar, lo notaban en el ambiente…
Cuando se dirigieron a pagar pusieron todas las cosas en la cinta de la caja a excepción de un pollo que el Pifa dejo “olvidado”. Pensó que el ave desplumada pasaría desapercibida y pagaron el resto. Al ir a salir les paran y les dicen que acaban de robar un pollo. Se hacen los “huy, que despiste…”, “no me di cuenta…” pero na de ná, al cuartito que se fueron!.
Mientras esperaban en el cuartito la llegada de la pasma empezaron a atar cabos. Entre varias fotografías que tenían en un corcho procedentes de las cámaras de seguridad estaban las nuestras, incluida la mía mirando de reojo. Nos estaban esperando, nos habían tendido una encerrona y esperaban un desliz, malditos!!, el pollo nos hundió!!
Otros que pasaron la noche en el Hotel Rejas con cena pagada por el ayuntamiento de Londres.
Fin de la historia, la justicia había acabado con las tropelías de la banda de la trucha…, el Sainsbury de Cromwell Road no volvió a ver nuestros facinerosos caretos.
Como solo quedaba yo por detener y sabiendo como estaba el patio tuvimos que volver a comprar la comida y a redistribuir las tareas del hogar. Empezaron los problemas. Lo que antes se pasaba por alto poco a poco dejo de pasarse. En el piso fumábamos el Pifa , Arturo (de lo nuestro) y yo y a Fran y Andrés les molestaba, Tania callaba.
Como era invierno no se podía abrir la ventana a la ligera y ante las quejas el Pifa socarrón “más vale humo que escarcha” decía, unos que nos uníamos a la causa y otros en contra.
Tuvimos otros percances por el tema de la limpieza aunque a veces nos daba algún arrebato de aquellos, como un día que estábamos jugando a los dados bebiendo la ultima botella de whisky que nos quedaba a las tres de la mañana y digo “Que poca vergüenza tenemos, voy a fregar los fogones” y Arturo “Pues yo los platos” y ya nadie quería quedarse atrás, Fran “Yo el suelo!” y el Pifa “Eso será cuando yo lo barra…!”, en plena faena llegaron Andrés y Tania que venían de copas (ellos tenían dinero) y atónitos tuvieron que sacarnos una foto para asegurarse que no era una visión.
Pero salvando momentos puntuales en el ambiente se mascaba un clima de tensión que tuvo su momento culminante una tarde al llegar a casa Fran. Fran, que por lo general tenía buen carácter, cuando se cabreaba perdía los papeles. El caso es que llega a casa y al ir a encender la luz no funcionaba. La luz la teníamos como algunos teléfonos actuales, de prepago. En el contador había una especie de pinza que se recargaba en una gasolinera cercana. Cuando la carga se acababa, se acababa la luz y había que acudir a la gasolinera y comprar cinco o diez pounds de luz. Regresabas a casa, introducías la pinza en el contador y volvía la luz.
Fran llegó y no había luz, ya era tarde y la gasolinera estaba cerrada. Creyendo que estaba solo empieza a maldecir su mala suerte hasta que desde una habitación oye que Arturo le llama. Arturo estaba tumbado en la cama a oscuras, con la poca claridad que pasaba por la ventana, mirando al techo y Fran le dice:
-¿Te das cuenta? ¡¡Que mierda, no hay luz y la gasolinera ya esta cerrada!!
- Ya, lleva así toda la tarde…
-¿Cómo que lleva así toda la tarde?, ¿Cuánto tiempo llevas en casa?
- Bufff, todo el día. Hoy no he salido…
-¿Y cuando se ha acabado la luz estabas en casa?
-Si, claro.
-¿Y por que no has ido a comprar más luz?
-No se…, no he caído…
Hasta aquí llego. A Fran se le cruzaron todos los cables “¡¡¿ Que llevas aquí todo el día y no has ido a comprar luz?!!!, ¡¡A tomar por culo de aquí!!” Agarró a Arturo como a un muñeco y le sacó de la casa entre gritos y empujones. Cerró la puerta de un portazo y se fue a por la maleta de Arturo, que era fácil de hacer pues su ropa siempre estaba dentro, la cogió y se la tiró por las escaleras.
Cuando llegué me encontré a Arturo sentado en la calle con su maleta. Me contó lo sucedido y le dije que subiese conmigo.
Entonces discutimos entre Fran y yo porque no era de recibo echar a uno de su propia casa por muy desastre que este fuera. Luego llegaron los demás y hubo más bronca.
La discusión se prolongó hasta que Fran soltó que ya no aguantaba más y que se iba a volver a España. Entonces nos pusimos serios por una vez y tras hablarlo, decidimos que debíamos dejar de vivir juntos. Andrés dijo que como tenía que presentar su proyecto de fin de carrera también aprovecharía para marcharse y que en un mes o así volvería… cada uno iba haciendo sus planes…
Arturo se marcharía con una tía lejana, prima de su madre o algo así, que vivía a las afueras de Londres y el Pifa con alguien a quien yo no conocía.
Escrita el 29 de
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