En aquella ocasión no tuve que patearme nada. Uno de los canarios del piso de West Kensington me dijo que tenía un trabajo seguro si lo quería pues el trabajaba en un restaurante chino y sabía de otro, que se llamaba Mr Wo, donde necesitaban a una persona para recoger las mesas.
Para mi!!
En mi día de paro fui con el canario al restaurante. Estaba en pleno barrio chino y era un buffet libre muy barato. Mi trabajo consistía en llevar las fuentes de comida de la cocina en el sótano a la mesa del buffet y cuando los clientes terminaran de comer retirar rápido, este “rápido” era fundamental, los platos y los manteles de papel, llevar los platos a lavar y poner un mantel nuevo. A mi me daba corte retirar los platos con los clientes que habían terminado, pero todavía estaban sentados, pero los otros agarraban los platos y se los quitaban sin miramientos.

Como me alegre de que me echasen!
Comí comida china seis días seguidos, quieras que no, cansa.
Solo aprendí una palabra en ingles y me costó un rato de vergüenza mayúscula. En el sótano del restaurante unos ingleses celebraron un cumpleaños y en esa cena solo tenía que estar ocupado de ellos. Cuando terminan, una chica me pide la bill y yo, aunque parezca mentira, no tenía ni idea de que era la bill. Pensando que me preguntaban por alguien (allí había un montón de chinos) les pregunto que quien es ese Bill… mira, se partían de la risa y yo mas rojo que Lenin y con las orejas ardiendo…
Me dieron el significado con el típico movimiento de la mano haciendo que escribes…

Otra cosa que aprendí es como es la cocina de un chino. Estoy casi seguro que gato no usaban, yo al menos no lo vi, pero lo que era digno de ver era esa cocina de nueve metros cuadrados con diez chinos dentro, todos gritando a la vez en su idioma, moviéndose muy rápido, con apenas ventilación… vamos, un cuadro.

El día de paga cobré y, agradeciendo los servicios prestados, me dijeron que no volviese.
Si esa semana no fue de las mejores el que no tuvo la suya fue Arturo. Primero le echan del hotel y a los pocos días llega a casa y nosotros en la cocina arreglando el mundo. Abre la puerta y tenía cara de preocupación y los pantalones un poco más sucios de lo habitual. Se queda en la puerta callado, meditando y al ver que no hablaba le preguntamos:
- Qué pasa, Arturo, todo bien?
Y tranquilo, como él habla, sin prisas…
- Bueno… es que… me acaba de pillar un coche…
- ¡¡¿Qué?!! – exclamamos a la vez – ¡¿ Pero estas bien?!
Y él
- No… si… me duele un poco…- decía echándose mano a la cadera- pero estoy bien…
- ¿ Y como ha sido?
- Nada, salgo del metro, y al ir a cruzar, donde el semáforo, no he mirado y… vamos, que se me ha llevao…!

Y en ese momento empezamos a partirnos de la risa porque nos imaginábamos a Arturo caminando tan tranquilo, mirando al suelo, pensando como podía un pertiguista saltar tan alto… y de pronto un coche y Arturo rodando por los suelos preguntándose… ¿Qué ha pasao…?

Menos mal que el coche no le hizo nada porque sino la que podíamos haber liado en un hospital…

Y es que Arturo era un personaje sin par. De los dos meses que estuvimos en el piso no saco la ropa de la maleta a pesar de tener un armario vacío a un metro de él. Cogía la ropa, se la ponía y cuando ésta podía ir sola la lavandería, la lavaba y vuelta a la maleta tal y como salía de la secadora.

Dormía sin sabanas sobre el colchón y aunque a veces le decíamos “ tío…” él contestaba mirando al colchón “ no… si ya…” y así seguía.

Sin exagerar un segundo puedo asegurar que no tardaba menos de cinco minutos en lavarse los dientes. A veces entrábamos a la vez, yo a la ducha y él a los dientes y acababa yo antes!.

En otra se va a repartir propaganda y como no tenía mochila metía los flyers en una bolsa de plástico pero lo que tenía delito es que dentro de la bolsa metía el DNI y el pasaporte. Dejaba la bolsa en el suelo y se ponía a repartir, se enrollaba con cualquiera que se le acercase, un testigo de Jehová… cualquiera, y un día le desapareció la bolsa y se quedo sin documentación…

Una noche que veníamos de tomar algo Fran, Arturo y yo, al llegar a nuestra parada Arturo se había quedado dormidito. Fran y yo nos miramos, nos leemos la mente y salimos del vagón muy despacito sin despertar a Arturo… por suerte para él cuando el tren arranco un señor que iba a su lado le zarandeo un poco y le dijo:
- Creo que tus amigos se han ido sin avisarte…
- ¡Cabrones…!

De Arturo hay muchas más, como cuando perdió la virginidad (esa carita era para verla…), como cuando le detuvo la policía, como la “pelea” que tuvo con Fran…

Otro personaje curioso del que siempre guardamos un buen recuerdo era Eloy. Eloy era de A Coruña y con el acento gallego más marcado que haya escuchado. Le conocí una noche que salí a tomar algo por el Soho. En uno de los bares un tipo me tiró media pinta encima y al disculparse su acento le delató.
Estaba estudiando restauración de muebles antiguos, tiene tela. Ese día él estaba solo y como parecía un tío majo le dije que si quería se viniese con nosotros, yo había salido con Jose y otros amigos suyos.
Aquella noche cogimos una buena y desde entonces tuvimos a Eloy como uno más del piso pero viviendo fuera.

A Eloy, como a otros muchos, le perdí la pista una vez en España y siento que personas que durante una temporada fueron importantes para mi ya no estén. Supongo que es ley de vida, pero estoy seguro que si todos recordamos a amigos del pasado, al ver su imagen, la recordaremos sonriendo, mirándonos a los ojos. Y ese recuerdo nos arrancará una sonrisa y nos hará sentir un poquito más felices.

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