Mi calle Favorita
En la mayoría de las ocasiones las personas nos enamoramos de otras personas, a veces de un coche, otras de una casa o una canción. Yo me enamore de una calle.
Al despertar en mi segundo día de estancia en Londres me dirigí, tras un frugal desayuno en el albergue de la YHA de Earls Court, a una academia que un amigo de Madrid me había recomendado.
Dicha academia se encontraba… digamos… retirada, perdida en la inmensidad de zona 3 que para un recién llegado es otro mundo.
Como la experiencia es un grado y yo acababa de llegar, pues eso, no tenía ni grado ni experiencia y al segundo día ya cometí el primer gran error, pague tres meses de clases a toca teja sin tener todavía alojamiento estable ni, lo que es más importante, trabajo que me mantuviese.
En aquel momento, claro, yo no era consciente de estar equivocándome… (aquí hago un pequeño aparte pues aunque parece evidente que nadie se equivoca de forma voluntaria, en el genero humano somos tan especiales que aun a sabiendas de que nos estamos equivocando seguimos adelante… seguro que todos hemos estado alguna vez en este caso…). Bueno, sigamos con lo que íbamos…
Después de inscribirme y pagar me dirigí a la única dirección, aparte de la academia, que había traído de España. Era algo así como una Agencia estatal (española) de Relaciones Económicas y Financieras que se encontraba cerca de la estación de Notting Hill, no se de donde sacaría esta dirección…
El caso es que me planto allí a ver si, como soy español, sin ni papa de ingles y mas perdido que la leche, me dan un buen trabajo.
La Agencia Gubernamental era para asesorar a grandes empresas, multinacionales y similar que tuviesen negocios o sucursales en el Reino Unido y no para particulares en busca de curro. Ahí pase un buen corte pero el señor trajeado que me atendió resulto ser un tipo majo que me dio una dirección.
Conocía de una residencia donde las residentes solo podían ser chicas y dirigidas por monjas españolas, lo que tenía cierta gracia y su puntillo de morbo, a que negarlo… y aunque no pudiesen darme alojamiento, cosa que intente, quizá podrían saber de alguien o algún sitio para currar. Por otro lado era la única puerta que tenia…
Estábamos a mediados de septiembre y los días no eran muy largos, para cuando llegue a la residencia de las monjitas ya estaba atardeciendo.
Aquella residencia se encontraba muy cerca de la salida del metro de Gloucester Road, en dirección a Hyde Park, la segunda o tercera a la izquierda, junto a una pequeña y bonita iglesia.
La puerta la abrió una hermana vestida de calle con ese aspecto sanote de las mujeres de pueblo de unos 60 años, un poco entradita en carnes y de mofletes rojizos, con falda bajo la rodilla y chaqueta de lana.
Según me explicaba que no podían darme alojamiento (algo lógico ya que su institución era solo para señoritas) yo veía pasar a su espalda grupitos de chicas y mis pensamientos iban del “… uhm… vaya, vaya…” al mas puro estilo Homer Simpson al “céntrate en lo que te esta diciendo esta buena mujer…!!!”
La hermana, evidentemente, no me dio alojamiento y, por desgracia, tampoco conocían donde podían darme trabajo, claro, no era su campo…
Lo que si me indico fue dos residencias que se encontraban justo enfrente y que con el paso del tiempo serian muy visitadas por mi, se trataban de la Regina y la Belvedere de la L.H.A.
En comparación con el albergue en el que dormitaba esas residencias eran palacios imperiales y a mejor precio! Pues en estas se pagaba semanal y en el albergue diario y salía mas caro.
En ninguna de las dos había nada libre pero me dieron la dirección de la Central que ya, con las horas que eran, tendría que acudir al día siguiente.
Creía que el día había acabado para mi y me encamine al metro, según caminaba, frente a mi se aproximaban dos chicas charlando, una de ellas muy guapa y expresiva… al llegar a mi altura las oí hablando español y desesperado como estaba por conocer a alguien las entre.
No las dije que estaba mas solo y colgao que una pera, mi pequeño orgullito me lo impedía, claro que al final se dieron cuenta, pero les pregunte cuanto tiempo llevaban y si conocían de residencias o trabajo…
Al cabo de un par de minutos de conversación callejera y como ya había anochecido y hacia algo de frío me invitaron a acompañarlas a un pub cercano a tomar una pinta (mi primera pinta) ¿ Alguien duda de que fui como quien no quiere la cosa? ¿Algo así como para pasar el rato o tuviese alguna otra cosa que hacer?
Esas dos chicas amigas de Zaragoza eran compañeras de habitación y trabajaban cada una en un hotel. Se llamaban Mª Mar y Sara.
Mª Mar era una de las chicas mas guapas que haya visto nunca. Servia desayunos en un hotel y había ido a buscar a su amiga a la salida de su trabajo para tomar algo cuando nos encontramos.
Mª Mar y yo llegamos a tener una buenísima relación y creo que a pocas chicas le tire tanto los tejos como a ella, si paso algo o no ya lo contare mas adelante pero, a pesar de todo, nos seguimos viendo hasta bastante tiempo después de volver de Londres.
Cuando terminamos las pintas y salimos del bar Mª Mar me pregunto si había cenado o no y la verdad es que solo había comido durante los trayectos en metro una bolsa de patatas fritas y una barrita de chocolate.
Me invitaron a cenar en su residencia que tenía cocina y que estaba muy cerca. Hoy esta residencia ya no existe y la han reconvertido en pisos particulares.
La residencia era genial y las habitaciones enormes pero tampoco había plazas libres.
Los últimos meses de mi estancia en Londres, por casualidades del destino, termine viviendo allí.
No recuerdo que cene pero si la sensación de vuelta al metro de Gloucester por la calle del mismo nombre. En mi segundo día ya tenia localizadas algunas residencias y la central de varias de ellas, había conocido a dos chicas estupendas con quien me había tomado unas pintas y me habían invitado a cenar!! Y tenia academia de ingles (todavía no sabia que no podría asistir).
Estaba súper feliz, caminaba con una sonrisa de oreja a oreja, me paré y observé con más detenimiento la calle por la que iba y, en ese momento, me enamoré de Gloucester Road.
Escrita el 29 de
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