Mi primer trabajo
Abrí los ojos y pensé cargado de optimismo…
“ Tercer día en Londres y ya tengo una agenda apretada…
En primer lugar tengo que ir a la Central de la L.H.A. que se encuentra en Victoria, en el numero 54 de Eccleston Square, a ver si entre todas las residencias hay alguna en la que podamos entrar mi petate y yo…
Después tengo que ir por primera vez (y desconocia que por última) a mi nueva academia de inglés (donde alegremente pagué tres meses por un montante que, todavía hoy, me da vergüenza reconocer…)
Luego tendré que comenzar a buscar empleo pues entre el transporte, el albergue y la academia las 100.000 peseticas que traía me están huyendo del bolsillo…”
Para buscar trabajo pensé un sistema que consideraba infalible. Debía buscar en restaurantes españoles o, en su defecto italianos, que los ingleses no notarían la diferencia, donde un chaval guapete de 23 años pudiera servir mesas sabiendo poco o nada de ingles. Parecía tan fácil… inocente…
Despertar en un albergue en una habitación con veinte tíos mas , un pequeño locker donde apenas caben tus pertenencias y que encima en recepción te han vendido un candado para asegurarlas, no es muy agradable para alguien que acaba de dejar la comodidad y la seguridad del hogar familiar. Pero, de la misma forma, te hace espabilar y ponerte las pilas si quieres algo mejor.
Por eso, cuando en la Central de la L.H.A. me dijeron que tenían un sitio para mi en una habitación triple y con desayuno y cena en la Holland House, justo al lado, me volví loco de contento.
Las cosas empezaban bien, solo una noche mas en la macro habitación-dormidera y luego podría trasladarme. Sin embargo, había una pega: tenía que dejar un deposito de 50 libras y la primera semana por adelantado lo que me dejaba al borde de la bancarrota.
Lo de buscar trabajo se estaba haciendo angustiosamente prioritario.
Además, tenia la academia por las mañanas de 11 a 12:30 por lo que el empleo tendría que ser por las tardes lo que limitaba un poco mas mi disponibilidad si tenemos en cuenta que sabia casi lo mismo de ingles que de coreano.
Me di cuenta que el sistema español de enseñanza del segundo idioma no era todo lo satisfactorio que cabría esperar, quizá alguna nueva ley que lo mejorase… hicieron varias hasta que llego la LOGSE y… patapafff!!! Que junto con el sistema de escritura por SMS… pero bueno, que le vamos a hacer…
Tras mi primera clase de ingles, con la cabeza llena de contenidos indescifrables para mi (pues en Londres dan las clases de ingles en ingles !!! y así no hay quien se entienda) partí hacia Gloucester Road que era la única zona que conocía y preguntaría en algún restaurante a probar suerte. Como ya había dado una clase de ingles me sentía valiente y decidí probar no solo en restaurantes españoles o italianos sino en cualquiera en el que me dejaran entrar.
Por extraño que parezca en ninguno de los cuatro donde entré necesitaban personal pero, curiosamente, me emplazaban a que volviese en uno o dos meses… a ver si iba a resultar que si que había que saber algo de ingles…
Como era la hora de comer no iba a seguir insistiendo en restaurantes que tenían las mesas ocupadas por lo que, un poco abatido, me fui en busca de algún súper para comprar algo con lo que hacerme un bocata que no estaban las cosas para lujos en el burguer.
Con la materia prima en la mano tan solo necesitaba un lugar donde poder hacerme el bocata, no me iba a sentar en un banco a la intemperie (no era tan cutre…) y la mejor opción era el hall del metro, techado y, en cierta medida, calentito… ( nooo, que va, no era tan cutre…).
Voy a la estación y en un poyete junto a la entrada yo a lo mío… y a un metro escaso de mi un joven de unos 25 años repartiendo propaganda que nos miraba al bocata y a mi, a mi y al bocata…
Ya por el aspecto me parecía español y para salir de dudas le digo “hola” y responde “hola”, “español, eh?” y las típicas palabras educadas de dos tíos que acaban de conocerse.
Como no me parecía correcto comer mientras hablaba y había comprado una barra de pan le ofrecí si quería…
- Oye mira, no te lo tomes a mal, pero me sobra pan y ¿salami?, si te hace…
A lo que acepto gustoso.
El tipo en cuestión se llamaba Jose con acento en la o, he hicimos buenas migas desde el primer momento. Era de Alcorcon, Madrid, y vivía en Clapham con una familia. Como ya había estado anteriormente, pero por periodos más cortos en Londres, me explico algunas cosas interesantes de la ciudad.
Durante el tiempo que estuvimos en Londres fue uno de mis pilares fundamentales. A la vuelta a España seguimos manteniendo el contacto y abrió, junto con dos socios mas, un bar irlandés en Alcorcon. Poco a poco fuimos viéndonos menos y la última vez que quedamos seguía con el bar y trabajaba para una empresa de telecomunicaciones.
Eran las tres y terminaba su jornada. Repartía publicidad de una peluquería que se llamaba, y aun hoy se llama, “Supercuts” que se encuentra en el corredor comercial junto a la estación de Gloucester.
Tras dejar en la peluquería los flyers sobrantes me dijo que a las cuatro había concertado una entrevista para un curro en un restaurante bastante grande en Victoria llamado Marche y, que si quería, podía acompañarle por si había trabajo para los dos. “¿En Victoria?, ¿cerca de mi nueva residencia? Seria perfecto” pensé. En este caso, fui yo el que aceptó gustoso acompañarlo.
El Marche hoy a desaparecido, estaba en los bajos de un edificio de oficinas al principio de Victoria Street muy cerca de la famosa estación. Actualmente hay un edificio de reciente construcción acristalado y muy espectacular que probablemente conozcáis.
En los años a los que me refiero el Marche era una pequeña torre de Babel. Había, por supuesto, españoles e italianos y además alemanes, franceses, suecos, indios, australianos y un largo etcétera… todos gente joven y algún que otro manager escocés que intentaba mantener el orden lo mejor posible.
Desafortunadamente para mi no tenían hueco y me recomendaron que volviera en un mes… que te repitan la misma frasecita varias veces al día cansa pero es una buena manera de aprender ingles…
Al cabo de un mes volví y mi suerte cambio pero esa es otra historia.
Quien si tuvo suerte fue mi recién estrenado nuevo amigo que empezaría a trabajar al día siguiente. Para él fue una alegría y para mi también pues su puesto de propagandero quedaba vacante y, como yo en ese momento estaba tieso ( la verdad es que siempre estuve tieso ) y necesitaba ingresos fuimos a hablar con el gerente de la peluquería para hacer el cambio de poderes.
El peluquero aceptó, Jose cobró lo que le debían sin ningún problema ya que no les dejaba “tiraos” y yo conseguí mi primer empleo en el mundo de la publicidad, ¿ o en el mundo de la peluquería? Da igual… el caso es que ya tenia algo por lo que me pagaban 3 libras la hora libres de impuestos durante 5 horas al día y 5 días a la semana. De 10 a 3 de la tarde.
Eso eran 75 libras semanales.
La residencia eran 66, el travel card zona 1 y 2, 12… tendría que ir tirando de la 25.000 pesetas que mi abuela se empeño en meterme en la cuenta todos los meses y a lo que yo me negué ( menos mal que no me negué demasiado) hasta que encontrase algo mejor pero de momento estaba contento.
Al día siguiente me cambiaria a mi nueva residencia bien tempranito que a las diez entraba en la oficina…
Ese mes que me pase repartiendo propaganda en mi esquina a la salida del metro de Gloucester fue de lo mejor, aunque yo todavía no lo sabia. Se abrían ante mi un nuevo mundo de experiencias…
Escrita el 29 de
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