Bien, tras la cuña, sigamos hablando un poquito de Gloria.

Ya que ésta no había tenido mucho tiempo de conocer a la gente de su residencia, cuando terminaba sus clases de ingles se iba a ver a Carmen y Mónica. En la Holland conoció a Remi (me estoy dando cuenta la cantidad de nombres raros que hay o lo cachondos que son algunos padres, este se llamaba Remigio, y cualquier cosa era mejor que su nombre, así es que le llamábamos Remi), y con el tal Remi, natural de Alicante, Gloria se lió.

Gloria tenia novio desde hacia años en Madrid (otra mas…) y a la hora de salir a tomar algo, salían con sus ligues de Londres, es decir, Gloria con Remi, Mónica con Jose y la ombligo conmigo. Así Gloria y yo nos fuimos conociendo y cuando la ombligo, Mónica y Remigio (je, je) se marcharon casi a la vez, Gloria y yo nos hicimos inseparables hasta que se marcho en mayo.

Nos encantaba ir los lunes al Roadhouse, un local donde hay música en vivo, creo que ahora todas las noches y antes solo los lunes, está en Coven Garden, junto al mercado.
En ese local pase mis buenos ratos…

Como decía, la fiesta fue un éxito. Ningún vecino se quejo ni llamo a la policía, no se rompió ni quemó nada y quitando el típico descontrol inevitable allí solo hubo ganas de pasarlo bien.

A pesar de estar felices por la casa, el buen rollo que había y el trabajo que no faltaba, con lo único que no estábamos muy contentos era con lo que comíamos.
Todos comíamos una vez en el trabajo pero el resto de las comidas tenían que ser cocinadas por nosotros, y no es que fuésemos unos inútiles con el fogón, es que la poca variedad de los productos que teníamos no daban más de si.

La solución llego por un amigo de Andrés de la Belvedere. Una tarde fuimos a esa residencia a visitar a sus antiguos compañeros y estando en la living-room de cháchara llega un tipo que saluda a Andrés y que iba con un par de bolsas cargaditas del Sainsbury. Al cabo de un rato le preguntamos como ganaba tanta pasta como para hacer esas compras.
Nos mira, mira a los lados como para asegurarse que orejas indiscretas no están atentas y con un movimiento del cuello nos indica que nos acerquemos. “Coño, que tío misterioso” pensamos.
Cuando había conseguido nuestra atención nos revela su secreto (que sabia media residencia pero le gustaba hacerse el interesante). El pájaro se dedicaba al hurto de lo ajeno.

En ese momento debimos decir “vale, no quiero saber mas…” pero veíamos esas bolsas rebosantes de productos apetecibles y nos acordábamos del poco uso que tenia nuestra nevera. Queríamos saber más. Conocer las técnicas del pillaje…
Tampoco hubo que insistir mucho, el muchacho como buen pájaro que era, canto de lo lindo.

Una vez terminada su ponencia y ante un publico asombrado, recoge sus bolsas, se despide y nos deja con un come, come…
Inmediatamente reunión de pastores. Había que sopesar la información recibida. Valorar si merecía la pena arriesgarnos y copiar el sistema de hurto o seguir con nuestra pasta y arroz.

Nosotros nunca habíamos robado nada antes, en ese campo no teníamos experiencia. Cavilamos si adentrarnos en el mundo del hampa con la tripa llena o seguir humildes pero honrados.
Hasta que alguien dijo lo que todos pensábamos “… podemos ir una vez y ver si es posible…”. Un último rayo de honradez se cruzo por nuestras mentes pero la tentación no vivía arriba, tenía forma de filete y ese rayo tal como vino se fue…

Al día siguiente llevaríamos a cabo nuestra primera “Operación trucha”.

La técnica no debería narrarla aquí por conciencia social. No estaría bien que alguien la copiase. Lo que hicimos, que quede claro, no es lo correcto. No nos sentimos orgullosos. Es algo que se hizo en un tiempo de necesidad y en parte por la inconsciencia que acarrea la juventud y en parte por la búsqueda de emociones.
Pero como es algo que sucedió, así lo cuento.
De todas formas las medidas de seguridad actuales harían muy difícil poder realizarlo hoy en día.

Volvamos a la “operación trucha”
Al día siguiente nos acercamos al Sainsbury de Cromwell Road. Entramos separados por parejas.
Primero cogemos bolsas de las cajas, no las cestas de plástico, sino las bolsas con la publicidad impresa del supermercado y luego nos metemos en el súper.
Cada pareja tiene tres bolsas. Dos de ellas las llenamos de lo más voluminoso y barato que necesitemos como cereales, papel higiénico, leche, lejía… y la otra bolsa se llena de productos caros, principalmente, carne y pescado, pero también aceite, productos de higiene, pilas, pinzas para dar la vuelta a los filetes…

Cuando tenemos las bolsas llenas esperamos a que el empleado de seguridad se de una vuelta por el parking o, al menos, estuviese lo mas alejado posible de las cajas.
Entonces vamos a “pagar”. Vamos a las cajas que solo tienen una persona pagando y otra esperando, así la cajera esta ocupada pero la cola no sobresale.
Al llegar dejamos las bolsas en el suelo entre los dos y cuando nos toca el turno el primero saca los productos de las bolsas de poco valor y las coloca en la cinta, dejando los productos buenos en el suelo.

La cajera va pasando por el lector lo que hemos dejado sobre la cinta y el primero pasa al final para ir recogiendo lo que ya han cobrado y lo va metiendo en las bolsas de nuevo. Cuando llena una, como para hacer sito, la deja en el suelo.
Lo bueno es que el de atrás al ir avanzando va empujando lateralmente con el pie la bolsa buena hasta que llega a colocarla junto con las bolsas que el primero ha llenado de lo barato y que también ha dejado en el suelo.
Entonces el segundo paga y el primero recoge del suelo las tres bolsas.
Con el ticket en la mano nos marchamos con toda la naturalidad posible recorriendo esos metros interminables hasta la salida.

Vuelvo a repetir que esto no hay que hacerlo pero en aquel momento… que subidon!!
El corazón a cien, te intentas mantener sereno y a la vez pensando “como venga alguien por detrás y nos descubra…”
Para evitar que esto pasase solíamos ponernos juntos en las cajas o acudíamos a “hacer la compra” de tres en tres. Uno delante y dos detrás.
Como se puede ver esto tenia sus riesgos y, además, pronto tuvimos saturación de productos baratos que teníamos que comprar para llenar las bolsas por lo que tuvimos que ingeniar nuestro propio método.

Del nuevo método, de la llegada de el Pifa y Tania y de mi traspiés en el Marche junto con otras historias y personajillos nuevos hablare en la siguiente historia.
Eso, eso, eso… es todo amigos.

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