De mediados de enero a mediados de marzo transcurren unos 60 días. No es un periodo muy largo pero pueden pasar muchas cosas.

El piso que encontramos estaba cerca de la salida del metro de East Putney, en el número 39 de West Hill, segunda planta. Era un piso con tres habitaciones. Al entrar, a la izquierda, la cocina, donde hacíamos vida, frente a la cocina un pasillo larguísimo. La primera puerta el baño, la segunda el tigre, un habitáculo en el que solo había una taza de WC y al final las tres habitaciones.

Andrés, uno de los gemelos sevillanos se iba a traer a su novia de Praga, Tania, en unas dos semanas. Tania al ser de la Republica Checa y como en el 97 este país no pertenecía a la Unión Europea, entro como turista y así se quedo. Era lo que podíamos llamar una ilegal. Pero era muy maja, servicial, agradable y aportaba ese punto femenino tan importante en una casa con cinco tíos.
Digo cinco porque como teníamos tres habitaciones pensamos que estaría bien y, sobre todo, mas barato ser dos por room.
En febrero llegaría el nuevo miembro masculino… “el Pifa!!”, si esto en lugar de una historia escrita fuese una serie de tv y la voz en off fuese narrando lo escrito, al decir el Pifa!!, aparecería en la pantalla la imagen de un tipo moreno, despeinado, con media sonrisa y un porro en la comisura de los labios.

El Pifa, o Epifanio, como ponía en su pasaporte, era un buen chaval de Leganés con algunos problemillas sentimentales que le condujeron a una depresión y ésta a la ingesta recetada de algunas pastillas. Lo de los porros se lo receto el solito…

Le conocimos a través de una amiga mía que era vecina suya en Leganés y que sabia que buscábamos al quinto elemento para el piso. Me contó su problemilla pero me aseguro que era un tipo “legal” (el miedo que me da cuando a alguien le califican de legal…) Sin embargo, enseguida encajó.

En Londres todo el mundo tiene una historia personal detrás de él. Los motivos por los que alguien se marcha a tierras británicas son diversos pero en general, como ya escribí una vez por ahí, son los siguientes:

  1. Hay gente que solo quiere aprender ingles y rehúyen de los españoles como de la SGAE, al final, la tierra tira y se acercan y es que no podemos estar separados…
  2. Otros que solo quieren desconectar de su vida en España y pasar una temporada fuera.
  3. Los hay que necesitan independizarse y salir del cobijo paterno. Aunque casi siempre necesiten alguna ayudita de casa
  4. Los hay que solo tienen motivos económicos. Las cosas como son, en Londres hay mas oportunidades que en España…
  5. Otros despechados por amor hacen las maletas y se largan o, al revés, que hacen las maletas por amor.
  6. Los hay que terminada la facultad quieren pasar un año conociendo a gente y mundo.
  7. Y, por ultimo, los que juntan varias de las opciones anteriores.

Mézclalos como quieras y seguro que sale tu historia.

Ya que al principio solo estábamos los cuatro, nos distribuimos las habitaciones. Arturo y yo juntos pero no revueltos, Andrés con Tania, cuando esta llegase, juntos y revueltos y Fran con quien viniese, a la postre, el Pifa.
Tania y el Pifa llegarían en febrero y de momento dormíamos Fran y Andrés y Arturo y yo dejando la otra habitación libre por si acaso…

El dueño del piso, o landlord, era un tal Mr. Pirani, no se si se escribía así pero así le llamábamos. Era un indio forrao con varias propiedades más en alquiler junto con otros negocios. Uno de estos negocios estaba justo en los bajos de nuestro edificio. Era una tienda de comestibles que la llevaba otro indio y que hacia las veces de Sheriff de Nottingham, semanalmente recogía el alquiler de los pobres para dárselo al Pirani.

Como en el pago del depósito y la primera semana del piso se nos fueron nuestros magros ahorros decidimos que pondríamos un fondo para pagar facturas y comida. Compartiríamos gastos en todo, desde la comida al jabón.

Si la gente lloro con el reencuentro de Marco y su madre, con la muerte de Chanquete y cuando Leonardo di Caprio se estaba quedando pajarito en Titanic, fue porque no vieron nuestro frigorífico esa primera semana.
Que lástima daba ese puerro junto al Ketchup!. Si hasta metíamos el arroz y los macarrones en la nevera para hacer bulto…
Del arroz con tomate y un huevo por barba y de la pasta “a lo que hubiese” hicimos maravillas. Que hambre pasamos pero que felices en un piso, nuestro piso, sin horarios, sin managers… era la primera vez que cada uno de nosotros podía sentirse independiente.
Con el piso recién habitado, que no estrenado pues se notaba que por allí había pasado gente desde los años 30, y con un trabajo estable no podía estar mas contento.
Andrés y Arturo trabajaban en un hotel y Fran en la cocina de un restaurante.

Aunque buscamos excusas no pudimos encontrarlas para no estrenar el piso como era debido. Se merecía una fiesta por todo lo alto.
Como habíamos aprendido de errores anteriores nos fuimos a invitar a los vecinos que teníamos mas próximos, así si no acudían, que era lo esperado, no iban a arruinar la fiesta a alguien que acababa de invitarles y, al no venir, en su casa tampoco les cogeria el ruido por sorpresa.
Pero para sorpresa la nuestra pues sobre nuestra casa vivían cuatro o cinco brasileñas, que no es que fuesen como las de la playa de Copacabana en Río, pero aportaban su ritmo y color… (eran un poco mulatas oscuras, por si alguien no entendió lo del color…) Enseguida se apuntaron y cuando días después llego el Pifa hizo muy buenas migas con ellas.
Como el tío no trabajaba, o al menos el tiempo que estuvimos viviendo juntos no trabajo, cuando llegabas al piso podías encontrar un par de brasileñas con el Pifa como si estuviesen en su propia casa. Como eran simpáticas y mal no hacían a ninguno nos importaba.

Esa fiesta fue todo un éxito. Acordamos invitar a todas las chicas que conociésemos y solo a los tíos más cercanos. Por supuesto no faltaron Jose, Nino y otros de la Holland, algunos compañeros del Marche, las andaluzas, Sara y sus amigas, la ombligo y Mónica y así hasta mas de cien personas.

Carmen la ombligo y Mónica vinieron con Gloria. A Gloria la había conocido días atrás cuando me la presentó Carmen.
Era amiga de ésta y había llegado hacia poco para aprender ingles pero como no había sitio en la Holland se quedo en la Sandeman-Allen House, en el 40 de Inverness Terrace, junto al metro de Queensway. Por cierto, esta residencia estaba muy cerca de un bar-restaurante español donde en ocasiones íbamos a ver los partidos de la liga española. Se llamaba Casa Blanco y mientras veías el futbol podías saborear una cerveza Alhambra. Creo que todavía existe.

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