Pasamos nuestra primera noche juntos. Teníamos el largo pasillo con ventana al fondo que llamaba habitación para nosotros solos. Puse música con el volumen muy bajito para crear ambiente y a falta de la luz apropiada, apagué la del techo y descorrí las cortinas. Pronto nos acostumbramos a la tenue luz de la calle que entraba através del cristal.

Empezamos despacio y entre besos y caricias aquello se estaba poniendo emocionante. No entraré en detalles, solo diré que tal y como se iba desarrollando me las prometía muy felices… Pero hay algunas chicas con una fuerza de voluntad de superhéroe y al ir a coger el utensilio que facilita que al mes siguiente vuelva a estar malita y sigamos tan felices me dice que mejor que no. Que era un poco pronto.

¿Un poco pronto? Eran más de las 12 de la noche, tampoco era tan pronto… (Esta gracia la hacia siempre que me decían que era un poco pronto, jeje). Pero estaba clara cual era su decisión.
Ya dije anteriormente que el sexo no era mi prioridad con Isabel, y era verdad, pero en ese momento habría dado la mitad de mi reino por una noche de pasión.
Acepté de la forma mas elegante posible su deseo y le dije que lo entendía perfectamente (mentira) y que para mi lo más importante era estar con ella como ella quisiese (casi verdad). Claro que quería estar con ella pero si le añadíamos un paso más a los preliminares creo que la relación mejoraría bastante.

En fin, esa noche no pudo ser y nos limitamos a dormir juntos en una litera con un colchón de 90. Y ya se sabe que el roce hace el cariño y yo con tanto roce estaba de un cariñoso… el calvo independentista que no atendía a razones y por mucho que le explicase que mejor dejarlo así, y que solo había que dejar madurar un poco más la fruta, el del piso de abajo erre que erre y así se paso toda la noche… de mi discusión interna Isabel no tuvo ni idea pues ya sabemos que algunas cosas mejor sufrirlas en silencio.

Como Isabel no tenia que trabajar y esa mañana no había reparto del que tuviese que hacerme cargo, teníamos todo el tiempo del mundo libre… todo el tiempo del mundo libre hasta las cuatro. Pero aun así era lo suficiente como para no madrugar, dar una vuelta y comer algo antes de separarnos.

Una de las ventajas de trabajar en la cocina de una residencia es que puedes echarle mano a la despensa cuando quieras. Así, al despertarnos le dije a Isabel que iría a coger algo para desayunar y mientras ella podía ir vistiéndose.

En la cocina preparé el mejor desayuno disponible. Dos cafés con leche, zumo de naranja, cereales, tostadas y fruta. Con cuidadito lo llevo en una bandeja. En mitad del pasillo, de camino a las habitaciones de los empleados, había una puerta de esas que se abren de un empujón y tienen un chisme arriba que se cierran solas.
El caso es que iba con mi bandeja y al llegar a la puerta pienso que si la empujo con el pie y entro rápido no lo tengo que hacer marcha atrás empujando con el culo (que es como hay que hacerlo) ¿y por qué si sabia como había que hacerlo no lo hago y me dejo de líos? Empujo fuerte con el pie pero tan fuerte que la puerta choca con la pared y rebota, no me da tiempo a pasar y la puerta golpea la bandeja derramándoseme el café.
Cagüen la leche…! Otra vez a la cocina a limpiar la bandeja y a repetir el camino. A la segunda, irónicamente, al ir de culo todo salio mejor.

Cuando llegué con el desayuno Isabel estaba arregladita y tan guapa. Terminamos de desayunar y cuando me ponía la cazadora para salir llaman a la puerta. No esperaba a nadie pero si deseaba que no fuese alguien: Carmen la de los macarrones o el Jinkly.
Le indico a Isabel que vaya al fondo de la habitación y se quede quieta.
Abro la puerta con la esperanza de que fuese algún residente perdido… pues no. Era el Jinkly en carne y hueso. Al menos no era Carmen…

Al abrir, el Jinkly con decisión da un paso para entrar en la habitación y yo, que tenia la puerta sujeta con la mano derecha y la izquierda apoyada en el marco, no me muevo un milímetro y el Jinkly con el paso dado, al ver que no me muevo, frena en seco pero con el impulso… vamos, que estuvimos a esto de darnos un pico.

Se para, yo de ahí no me movía ni a tiros, recupera la compostura y me dice que sabe que una chica ha pasado la noche en mi habitación.
- ¿Qué?, eso no es verdad, he pasado la noche yo solo.
Respondo tranquilo, sereno, mirando a los ojos y mintiendo como un bellaco. Y el Jinkly que si, que si, que si y yo que no, que no, que no.
Argumenta que vive justo arriba y que ha oído ruidos inconfundibles de mujer. ¿Ruidos inconfundibles?, ¿Qué ha oído, dar a luz a un crío?
Reacciono rápido y le digo que lo que sucedió fue que una residente estuvo un rato por la noche pero que luego se subió a su habitación.
El Jinkly que no, que me va a descontar del sueldo una noche de una visitante (12 libras) y yo, aquí echo el órdago.
- Aquí no ha pasado la noche nadie más que yo. Si me lo descuenta, ese mismo día doy el notice para marcharme. (Quizá mi ingles no fuese tan explicito pero venia a decir lo mismo…)

El Jinkly gira sobre sus talones y se marcha. No podía entender como lo sabia. Que nos había oído no podía ser verdad pues ruido no hicimos. Quizá nos vio al volver del pub y se imaginaria el resto, o alguien que me viese… no se, nunca lo supe. Pero al siguiente viernes, al abrir el sobre, pues nos pagaban en efectivo, no a través de banco, me faltaban 12 libras y en su lugar había un recibo por ese importe.

Indignado subo al despacho del mandamás blandiendo en la mano el recibo de marras. Exijo la devolución de las 12 libras reiterando que aquella noche la pase solo. Se niega. Le digo que si no me devuelve el dinero no tendría mas remedio que dejar de desempeñar mi labor (esto seguro que no lo dije así). El Jinkly que se sabía con la sartén por el mango, me mira retador y me vuelve a negar.
Si llego a tener un guante le abofeteo con él y dirimimos nuestras diferencias en duelo a pistola o, si no llega a estar la mesa de por medio, le doy una patada en sálvese la parte que es menos fino pero te deja más a gusto.

Antes de que me negase tres veces, me hago el ofendido y me mantengo en mi mentira. Esa noche la pase solo y como lo que hacia era una injusticia le presento el notice y salgo del despacho.
Ya que había echado un órdago lo debía mantener hasta el final, si hubiese admitido la no devolución de las 12 libras eso implicaría que había mentido y que él tenia razón (que la tenia) pero llevando mi versión hasta las ultimas consecuencias daba la impresión de que el equivocado era él.

¿Mereció la pena? Perdí el trabajo y el alojamiento por 12 libras.
¿Hice bien? Quizá debí dar un pasito atrás y aceptar los hechos… Pues no podía ser!, mi orgullo y mi palabra (aunque mi versión fuese mentira, eso era lo de menos) estaban en juego y si la primera vez dije que no, así debía seguir.

Era un poco como una infidelidad, si hay sospechas o rumores pero no hechos confirmados, hay que negarlo siempre. Ya te puede decir que su mejor amiga, Charito, te ha visto con otra… niégalo, niégalo, niégalo. Seguramente su amiga este equivocada o es que con la manía que te tiene, se inventa cada cosa…
Bueno, esto son consejos que me da un amigo, yo nunca lo he hecho, claro…
Lo que si tuve que hacer fue buscarme otro trabajo y un lugar donde vivir en una semana.
A decir verdad, el dejar la Belsize tampoco me supuso un trauma. No es que estuviese mal, es que estaba un poco lejos de Isabel. Ahora podría buscar un sitio más cercano.

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