La ruptura con Isabel fue entre el 15 y el 20 de junio. Desde entonces no se podía decir que mi situación fuese muy cómoda. Vivía en el mismo edificio que la chica que acababa de dejarme y a la hora del desayuno y la cena muchas veces coincidíamos lo cual era malo por distintos motivos.
No ayudaba nada a olvidarme de ella y además como todo el mundo sabía lo sucedido, si nos encontrábamos en el comedor había miradas, silencios incómodos y tenía que coger mi bandeja y ponerme en otra mesa.

Ella llevaba casi tres meses en la residencia y yo había vuelto hacia solo unos 15 días y la mayoría de la gente conocía a Isabel de antes por lo que las personas que ambos conocíamos en gran parte tomaron partido por ella.

“Los míos” se podían contar con los dedos de una mano, Nino, Raquel, Nacho y algún otro pero si no coincidía con ninguno de ellos en las comidas la elección de la mesa se convertía en un tema delicado. Me sentaba con algún nuevo y me tragaba el orgullo y la tristeza.

Ver la cara de la odiosa de la amiga de Isabel, la peluquera de Vigo, mirándome con aire de triunfadora como diciéndome “Ni te imaginas lo que estoy disfrutando este momento…” me ponía enfermo.

Raquel me contó que la peluquera malmetía a Isabel diciéndole que yo era un golfo y un tal y un cual… inventándose historias amorosas que yo en la vida había tenido y animándola a que pasase de mi. Ya se que Isabel no me dejó por lo que esa chica dijese pero lo que es seguro es que favorecer nuestra relación tampoco favoreció.

Los primeros días, necio yo, estaba en esa fase en la que crees que la otra persona se dará cuenta del error que cometió y volverá corriendo a tus brazos suplicándote que la perdones… eso no suele ocurrir y si ocurre, un consejo que dan los años, no perdones. Sigue con tu vida. Hazte valer, no se va a liar con uno un día y al día siguiente viene diciéndote que se ha equivocado. Pues no haberte equivocado!!
Pero esto lo digo hoy, cuando tenia 24 años si llega a volver la recibo con los brazos abiertos…

Mas de una vez me sorprendí a mi mismo esperando a que volviese mirando por la ventana y cuando volvía yo bajaba las escaleras para cruzarme con ella y que pareciese casualidad. ¡Que patético!
Otra en la que me habría merecido dos leches bien dadas fue cuando Isabel, con más gente de la residencia, fue a una de las fiestas españolas en Hammersmith.
Para no parecer demasiado arrastrado pase de apuntarme a ir con los de la Holland y fui por libre con Jose. El plan era coincidir con Isabel y hacerme el enrollao pero lo que hice fue el ridículo pues se veía a la legua porque había acudido allí. Son pasajes que mejor olvidar y sobre todo no repetir.

Pero así es la vida, momentos en los que eres el gallo del gallinero y momentos en los que eres el perrito abandonado.

Si la veía con su nuevo novio, ligue, amante o lo que fuese me hervía la sangre. Habría cogido a ese ingles robanovias y le habría dado la paliza de su vida, menos mal que me quedaba algo de dignidad y de sentido común y no hice ninguna tontería mas.

En el año 98, exactamente el 3 de abril, recibí una carta (ya sabéis, esos folios donde los antiguos escribían y narraban lo acontecido a otras personas que vivían lejos y se mandaban en un sobre…) donde Mª Mar, mi amiga de Zaragoza, me contaba algo que voy a copiar literalmente, son solo unas líneas y demuestran que el mundo es un pañuelo:

“… pero antes tengo un súper notición que darte. ¿Adivina a quien he conocido? Fue en la facultad de Ingeniería haciendo un trabajo de azafata. Me puse a hablar con la azafata del stand de al lado, que por cierto la conocía de otro trabajo en el que habíamos coincidido y resulto ser tu queridísima Isabel, tu ex de Londres. Empezamos a hablar de Londres y me contó que había estado en una residencia que se llamaba Holland. Yo en un principio pensé que era la Halpin, pero al decirme que estaba en Victoria y en Eccleston Square dije que yo tenía un amigo que había estado allí. Me pregunto como se llamaba y le dije que Miguel. Ella me dijo Miguel C… y le dije que si. Cuando le dije que te conocía se puso súper nerviosa, me pregunto si había salido contigo y me dijo que había quedado fatal, que se había portado un poco mal y habíais terminado fatal. Me contó que ahora tenía un novio ingles y que estaba muy bien con él.
Fue una situación súper graciosa para mí el conocerla ahí y mañana la vuelvo a ver (a ver que cuenta), ya te contare.
Le dije que habías venido un fin de semana en diciembre y me dijo que le gustaría hablar contigo o sea que ya sabes, si vienes a Zaragoza la llamas y a ver si os hacéis amigos aunque ya se que tienes tu orgullo pero parece una tía maja…”

Y si, en mi siguiente visita a Zaragoza la llame y quedamos. Nunca me ha gustado terminar de mal rollo con ninguna ex. Es mejor quedar, se habla del asunto a toro pasado y quedas tan ricamente. El orgullo muchas veces deja heridas abiertas para siempre. En las relaciones personales como en la vida, creo que es mejor menos orgullo y más humildad. Pero ya me estoy desviando otra vez… volvamos a aquellos difíciles días de finales de junio…

Tras un periodo de empanamiento, para recuperarme lo que hice fue pasar la mayor parte del tiempo en el Bonaparte.
Allí, con mas gente y trabajando, el día se pasaba mejor. Había momentos en los que ni me acordaba de Isabel pero entonces llegaba Laila o Ana y me decían “Que bien, ya estas mas animado” hay que joderse… pero lo hacían con la mejor intención.
Laila y Ana eran las dos compañeras con quien mejor me llevaba.
Laila era brasileña pero no de las morenas sino de las rubias, era muy guapa y alegre y Ana era alemana, un encanto y hablaba español mejor que yo ingles.
Las dos me animaron mucho y aunque Laila estaba muy buena yo todavía no veía a las chicas de ese modo (que esperase una semana y vería… que no, es broma, estaba jodido de verdad).

El Bonaparte con su no parar y los compañeros fue la primera válvula de escape pero lo que me hizo levantar el vuelo cual ave fénix fue la llegada casi simultanea de unos amigos de España.

La primera tanda llego a principios de julio. Se trataba de un amigo de la infancia, fuimos juntos desde los cuatro años, de párvulos hasta el COU, pasando por la EGB y el Instituto, siempre en la misma clase durante 14 años.
Después del COU él se fue a estudiar empresariales a una universidad privada y yo sicología a la Complutense. Perdimos el contacto pero unos años después necesitaba mejorar su ingles y a través de mi hermana me localizó. Estaría en Londres hasta octubre que empezarían las clases de nuevo.
Se llamaba Jose, pero para todos era “el flaco”. Si…, mucha chicha no tenia.
Que alegría me dio verle, llegaba con compañía y dejando en mis manos el tema del alojamiento. La compañía eran dos chicos y una chica compañeros de clase de su facultad.

Quede con ellos en la estación de Victoria. Para sus primeras noches les había reservado unas habitaciones en un hotel baratito de la zona. Lo mejor venia luego. Ya lo había hablado con el flaco y a partir del lunes había conseguido unas habitaciones en la antigua residencia de Mª Mar en Gloucester Road. La misma residencia donde vivió Arturo y la misma donde celebramos aquella nochebuena con el pavo Jordi.

Tuve que dejar la Holland House y ya no volvería. Como no avise con más de una semana no tenían que devolverme el deposito pero el manager, que era francés y se llamaba Laurent, después de las que le había montado y con la de veces que amenazó con echarme, al final terminamos convertidos en enemigos íntimos, me devolvió la parte correspondiente de fianza y nos despedimos afectuosamente.

También me despedí de Nino, ya dije, una de las mejores personas que conocí y de Raquel, la sonrisa, la amabilidad y la comprensión en una. Ambos se volvían en pocos días para pasar el verano en España y continuar allí sus vidas.

De Raquel dije en una historia anterior que una vez me dio una lección que todavía me aplico hoy. La contare.
En mis inicios, cuando repartía propaganda a la salida del metro, conocí a una chica que vivía en una residencia cercana. Tonteaba con ella y de vez en cuando íbamos a tomar café, charlábamos y nos reíamos juntos. Por otro lado en la residencia donde yo vivía había una francesa a la que también tiraba la caña.

Un lunes me dijo Camino, que así se llamaba, que el miércoles se volvía a España. Como ese lunes iba a ir al Roadhouse con unos de la Holland le dije a Camino que viniese.
Ella no sabia que hacer pues tenía muchas cosas pendientes pero cuando le insistí un poquito acepto. El caso es que quedamos dentro del club y cuando aparece me encuentro en la disyuntiva de tener a la francesa y a Camino en el mismo local.

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