El local era subterráneo, perfecto para guarecerse durante un ataque aéreo, pero no muy apto para el fin que desempeñaba. Es que, en realidad, no era un local de copas, era solo un sótano con música y cervezas. Había sitios donde el techo era tan bajo que daba autentica sensación claustrofóbica. De ventilación ni hablar pero de calor… las sudadas allí, tan cerquita de infierno, no tenían nada que envidiar a las de las saunas suecas.
Esto hacia que si te quedaba un pound en el bolsillo lo invirtieses en beber algo ya que una vez muerto por deshidratación el dinero ya no te serviría para nada.

Como mucho se aguantaba una hora o hora y media los valientes y al salir siempre los mismos comentarios:
- Vaya mierda bareto…
- Yo aquí no vuelvo.
- Pues a mi no me parece que este tan mal…

Pero al cabo de unas semanas volvíamos a salir de cualquier sitio y animaos y con ganas de juerga comenzaba la cantinela del “¡Que!, ¿Adonde vamos?” y al final alguien decía “Por que no vamos al Abre Pepe?” y vuelta a empezar.

En el año 2002 fui a visitar a mi hermana que entonces era ella la que vivía en Londres. Ella y su novio se tuvieron que ir unos días a Alemania y me quede solo, evidentemente ya no conocía a nadie con quien quedar.
Esos días coincidieron con la final de la Champions Real Madrid-Bayern Leverkusen y me fui a verlo a Casa Blanco en Bayswater. Durante el partido hice amistad con unos chavales que también estaban viendo el partido allí. Cuando finalizó nos fuimos a celebrarlo (gano el Madrid) por algunos locales de Londres y ¿sabéis donde terminamos, mas cocidos que unos centollos? ¡En el Abre Pepe!! Y lo mejor es que no les indique yo el sitio, salio de ellos ir allí!!
El Abre Pepe se mantenía a flote gracias a la permanente colonia española londinense.

Perdonad, es que según escribo me vienen algunos recuerdos y me voy del hilo principal de la historia. Estábamos en que el mes de junio fue movido.
Otro cambio que hubo fue que Isabel cambio de trabajo.
Cerca de la residencia había un pub al que en ocasiones íbamos a tomar algo. No era el pub titular, ese era para la Holland el Saint Georges sito en el 14 de Belgrave Road.
Este donde fue a trabajar Isabel, no recuerdo el nombre, estaba también muy cerca de la residencia y una de las veces que fuimos le propusieron si quería trabajar allí.

Como cobraría un poco más y aunque se quedase al cierre, que como muy tarde serian la 23:30, estaba a dos minutos andando de la residencia pues dejo la panadería-pastelería de Chelsea y aceptó el trabajo.

Ahora los dos trabajábamos en lo mismo, éramos “ponedores “ de pintas.
A mi, si me tocaba el cierre, llegaba un poquito mas tarde pues los que nos quedábamos hasta el final nos tomábamos una copilla de relax y luego me tenia que coger el metro de Waterloo a Victoria, que estaba cerca, pero antes de las doce no llegaba nunca.

Con Isabel las cosa iban muy bien, estábamos pensando en hacer una escapada a Amsterdam, que ninguno conocíamos, pidiendo en el trabajo 3 o 4 días en julio. Con los nuevos trabajos teníamos algo más de dinerillo.
Habíamos perdido intimidad pues ella compartía habitación con otras chicas y yo con otros chicos. No estaba permitido que chico-chica compartiesen habitación a no ser que estuviesen casados y lo pudiesen demostrar.
Esto hoy parece irreal pero no hace tanto tiempo. Afortunadamente ya ha cambiado y ahora si pueden compartir las habitaciones personas de diferente sexo si así lo solicitan.

Como digo, Isabel y yo éramos felices como perdices. Nunca discutíamos. Una noche, a mediados de junio, después de la cena, fuimos al pub de Isabel. Estaríamos allí uno cuatro o cinco alargando la pinta, pues Isabel no podía invitar que estaba el jefe ojo avizor…
Llegó la hora del cierre y le dije a mi chica que la esperaba en la residencia. Ella me respondió que en unos diez minutos llegaba, que no tenía que recoger.

Los compañeros con los que estaba nos volvimos a la Holland y allí nos pusimos a hablar. A las 23.30 Isabel todavía no había vuelto.
A las 23:45 la gente se fue marchando a dormir (y Nino a dar la buenas noches). Yo me quede sentado en las escaleras a la espera…
A las 12:00 ya me estaba extrañando y me vuelvo al pub que estaba cerrado pero tenia luz dentro. Espero en una esquina, ya no debía tardar… ¿pasaría algo dentro?
A las 12:20 de la noche no salía nadie y empiezo a preocuparme. Me había dicho que en diez minutos estaba y de eso hacia mas de una hora. Normal no era…
A las doce y media ya no aguanto más y me acerco a la puerta y llamo. Dentro había alguien pero no me abrían. Vuelvo a llamar más fuerte con un mal presentimiento que no me podía quitar de la cabeza. Mi corazón se aceleraba. Si no abrían la puerta en cinco segundos empezaría a golpearla hasta echarla abajo.
Grito el nombre de Isabel y en ese momento abren la puerta. Era el dueño del bar que me dice que espere que en un momento sale e intenta volver a cerrar la puerta. Sujeto la puerta impidiendo que la cierre y le digo que no espero. Que Isabel saliese ahora mismo.
Os aseguro que mi mirada no era ni de ruego, ni de broma, ni de coña, tenia esa mirada que quería decir “Si Isabel no sale ya, te arranco la cabeza”. Debió entender que no estaba para tonterías y asintió. Entro al bar y al instante salio Isabel y cerro la puerta tras ella.

Isabel salio llorando y a mí me entro una mala ostia que no me podía contener, le digo a Isabel:
- ¡Para! ¿¡Que coño ha pasado!?- necesitaba respuestas claras, concisas e inmediatas.
- Nada, vamos a la residencia…- responde entre sollozos.
- Dime que ha pasado pero dímelo ya!.- me estaba acelerando por momentos.
- Que no ha pasado nada…
- Entonces, ¿tu estas bien?
- Si, vamos…

Ya más tranquilo nos dirigimos a la residencia, que como dije estaba a dos minutos, y en las escaleras de entrada nos paramos a hablar.
Por suerte, a ella no le había pasado nada malo.
Por desgracia, el que sufrió las consecuencias fui yo.
En resumen, pues mi mente borró las palabras exactas que dijo, me dejaba. En el pub se había enamorado de su jefe y lo nuestro tocaba a su fin. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Me tuvo que dar un par de explicaciones y aun así seguía sin entenderlo.
Ese mismo día, por la mañana habíamos hablado de irnos de viaje y nada hacia suponer que el día tendría ese final. Sentía como si a través del pecho me introdujesen una mano y me arrancasen el corazón. El estomago se me encogía, el cerebro no asimilaba lo que pasaba.

Lo podría entender si las cosas no nos hubiesen ido bien o si nos enfadásemos con frecuencia o si estuviese mas distante últimamente pero todo estaba como al principio o mejor aun, o eso era lo que yo creía… ese cambio brusco no me lo esperaba.

Como dolía…, que sensación tan desagradable, tanto por lo sorpresivo como porque realmente la quería. Llevábamos dos meses y medio, que no era mucho tiempo, pero eran los inicios, cuando más ilusionado estas.

Estaba hecho polvo. Seguía desconcertado, le pregunte que por que lloraba ella si la “víctima” era yo y me respondió que le costó mucho tomar la decisión, que me quería pero que no podíamos seguir juntos, que no quería hacerme daño y que esa situación también era muy difícil para ella… A un paso estuve de consolarla yo mismo pero antes de que pudiese reaccionar me dijo que no quería seguir hablando y se subió a su habitación.

Allí me quede en la calle, solo en mitad de la noche, analizando lo que acababa de ocurrir. Intentando entender como en doce horas había pasado de estar entre los nominados a hombre más feliz de Londres a sentirme el más desgraciado, hundido y abandonado.

Tenia tantas preguntas que necesitaban respuesta, ¿Desde cuando?, ¿Había jugado a dos bandas?, ¿Con su jefe?, ¿Por qué me pasaba esto a mi?

Me dije a mi mismo “Anda, súbete a la habitación que ya lo pensaras mañana” solo intentaba dormir y que el tiempo pasase lo mas rápido posible pero no podía conciliar el sueño. Le daba vueltas una y otra vez, veía su cara y me veía a mi como en una película recibiendo el impacto y encajando la derrota.

A todos los que os haya dejado alguna vez alguien a quien quisieseis ya sabéis de lo que os hablo. Es de las peores sensaciones que se pueden sufrir pues no hay cura, solo el tiempo, a veces, mucho tiempo.
Durante una temporada te sientes abatido, decepcionado, traicionado, pierdes el apetito y se te quitan las ganas de salir a la calle, de conocer a gente, te sientes cabreado con el mundo y miras con recelo las parejas sonrientes con las que te cruzas.
Solo deseas que pase ese dolor y como todo te da igual te pasas las horas en la cama o en el sofá.
Según pasan los días, poco a poco, te recuperas y empiezas a vivir. Por salir quedas con algún amigo y un día te vuelves a reír con un chiste malísimo. Te vas sintiendo mejor pero todavía no eres el mismo, te centras en el trabajo o en los estudios y el tiempo va pasando…

Luego, de casualidad, conoces a alguien y esa llamita que creías apagada se vuelve a encender. Te das cuenta que te vuelves a poner nervioso cuando estas junto a ella, notas que esa persona te atrae y deseas conocerla mas y casi sin darte cuenta vuelves a enamorarte.

Es lo maravilloso del amor, siempre esta ahí, en cualquier momento, a cualquier edad y en el lugar mas insospechado puede aparecer.
No se quien dijo “Prefiero amar y perder que no haber amado nunca”. Lo suscribo. La sensación de amar es la mas maravillosa del mundo y si para sentirla, a veces debemos sufrir, merece la pena correr el riesgo, no creéis?

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