Hacia ya una semana que era un miembro activo del entramado económico londinense. Mi campo era la publicidad. Gracias a mi gestión técnica la franquicia de peluquerías para la que trabajaba había aumentado su cartera de clientes.
Me estaba convirtiendo en todo un profesional del reparto de flyers.
Lo orgullosa que se habría sentido mi madre si me hubiese visto y lo satisfecha que estaría de ver como sus esfuerzos por darme una buena educación tenían su recompensa…

En fin, de momento era lo que había, pero lo que si es verdad es que aunque tenía un trabajo repartiendo propaganda que aunque cutre, mal pagado, sin ningún tipo de contrato ni seguridad era maravilloso por lo que mas tarde explicare…

Por otro lado me encantaba mi residencia y mis dos primeros compañeros de habitación con quienes me llevaba bastante bien.

Matthew, un ingles del norte de Londres que había entrado a trabajar en una empresa como algo parecido a un becario en España. De unos 20 años, muy rubio y rojito de cara cuando lo juntabas con unas pintas. Lo que tuvo que aguantar el pobre Matt… lastima que al principio nuestras conversaciones se redujesen al fútbol y poco mas pero, entre que él no sabia español ni yo ingles… eso si, al jodio le encantaba salir con nosotros (los españoles) de pintas

Mi otro compañero se llamaba Celestino pero mejor que no le llamases así, con Nino bastaba. El muchacho, madrileño él, era alto y delgado como su madre pero no muy agraciado. Una nariz que le nacía casi en la frente se alejaba de la cara para caer en picado hacia el labio superior…
Pero era, además de buena persona, un cachondo con el que te partías, con mas cara que espalda pero respetuoso con todo el mundo.
Era muy querido en la residencia.

El tío, cuando la gente se recogía para dormir, él, con su esquijama, se pasaba a dar las buenas noches a las habitaciones de las chicas y las plantaba dos besos a cada una pero lo hacia con una gracia que a nadie le molestaba, es mas, era como una tradición… lo que digo, un crack.

Siempre que podíamos bajábamos los tres a desayunar juntos.
Como ya comente la residencia tenia desayuno y cena.

La cena era de 7 a 9, creo que sigue manteniendo ese horario, lo que para los españoles era un poco temprano pero claro, a todo se acostumbra uno… solíamos cenar a las ocho y al terminar, invariablemente, se pasaba al turno de las cervezas.

Como la economía estaba muy “ajusta” ( que os voy a contar…) no siempre se podía ir al bar de pintas y se optaba por juntar unos pounds y acercarnos al paquistaní mas cercano para comprar una latas y tomarlas en la residencia.
En ocasiones, y no pocas, subíamos a una habitación y lo que comenzaba como una sesión tranquila terminaba como el rosario de la Aurora. A las once menos cuarto corriendo como locos a por mas material al paqui. Un poco de música, unos cigarritos, algunos de la risa y ya estaba liá, lo poquito que hacia falta para que nos arrancásemos… luego se iba corriendo la voz, se iba acercando mas gente… y al final subía el manager a cortar el royo.
La verdad es que los españoles no nos distinguíamos por nuestra discreción y, como dijo aquella, la liábamos parda.

Cambiando de tema y volviendo al laboral explicare por que me gustaba mi trabajo.

En primer lugar, siendo realista y sincero con uno mismo ¡ Si no tenia ni put.. idea de ingles! ¿ donde me iban a coger? Me podía dar con un canto en los dientes de tener algo…

En segundo lugar, como terminaba a las tres podía ir a visitar a mi amiga Mª Mar, que vivía muy cerca, e intentar buscar su punto débil para conquistarla.
Si no iba a ver a Mª Mar o después de verla, me acercaba, si coincidía con el turno de tarde, a ver a Jose al Marche.
El Marche era un restaurante muy grande con aspecto de mercado, como su propio nombre indica (marche en francés significa mercado. Yo no lo pille hasta pasado un tiempo).
Era un sitio súper chulo que en mitad del local tenia un barco de uno 10 metros de eslora que hacia las veces de bar para cervezas, vinos y bebidas de alta graduación , por lo que la gente no solo iba a comer sino también a tomar algo.
Luego estaba la zona del pescado, los arroces, la carne, los postres…

Al entrar te daban una cartulina y cogías una bandeja y tu ibas con la bandeja pidiendo la comida que querías y según lo que pedías te sellaban en la cartulina. Al final, después de comer, en la salida estaba la caja y entregabas la cartulina y pagabas según los sellos que tuvieses. Esta explicación en otra historia tendrá su porque.

Los del bar iban vestidos de marinero con camiseta de rayas horizontales azules y blancas, pantalón negro y delantal por la cintura azul.
Los que servían las comidas, que las hacían constantemente delante de ti, vestían de cocineros y los que recogían las mesas de campesinos con delantal verde y sombrero de paja.
Los únicos que vestían con camisa y corbata, aparte de los clientes, eran los managers. Era un sitio muy divertido para trabajar.

El caso es que yo iba a ver a Jose, que comenzó recogiendo mesas, y de ir y saludar y tal pues enseguida fui conociendo a la gente. Con el paso del tiempo, tampoco mucho, unas tres semanas después, ya era un habitual y cuando fui a una entrevista para que me cogiesen, entre que los jefes ya me medio conocían de verme por ahí y entre Jose y otro que me echaron una mano me dieron un puesto en ese momento increíble para mi nivel de ingles en la sección de zumos, cervezas en botella y vinos. También iba vestido de marinero, como Jose , que entonces le habían cambiado de recoge mesas al barco.

Pero me he desviado del tema y esto pasara mas adelante, estábamos en por qué me gustaba mi trabajo de propagandero.

En tercer lugar y mas importante, me gustaba por la gente que conocía.

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