Una mala noche la tiene cualquiera, parte II
Soy de la opinión que este tipo de experiencias hay que vivirlas, siempre y cuando no entres en un círculo vicioso y te conviertas en un adicto, por supuesto, pero creo que borracheras, juergas y demás hay que vivirlas porque de ellas se aprende.
La vida es un gran abanico de experiencias y cuantas más tengas más completa e intensa será esa vida. Pero eso sí, cada cosa en su momento y con cierto control.
Jose, ya comente que a veces tenia ideas para la NASA, dijo que lo mejor para la resaca, él estaba igual que yo, era una pinta, es decir, combatir el fuego con más fuego.
Y yo que esa noche había dejado fuera de combate al 90% de mis neuronas y a la que quedaba lucida la pilló en otros menesteres ( se debía estar ocupando de mantenerme erguido) digo, “venga va…”.
Dejamos a Paul en su casa y el resto nos marchamos, recuerdo que a coger un tren pero no sé en que estación. De camino veía a Jose muy amistoso con Marta, que recién levantada se parecía a cierta tertuliana antes de la operación, pero no le di más importancia.
Que la pinta me iba a sentar bien fue cierto pues al segundo buchito tuve que salir corriendo como un demonio en busca del WC a echar la papilla. Pero tras eso, sí es cierto que me encontré mejor, me recuperé casi al instante y recobré nuevas energías, vamos, que a la segunda vomitona me vi con ánimos para acabarme la pinta. Mano de Santo.
Cuando nos separamos de las chicas nos quedamos los hombres solos en el tren y los ingleses a su rollo y Jose y yo al nuestro, y Jose que me dice en plan confidencia:
- ¿Sabes?, esta noche me he tirado a Marta…
- No jodas, tío… y eso?
- Pues nada, que ya llevábamos unos días mareando la perdiz y ayer al llegar a casa de Paul, entre el ciego (los tíos siempre le echamos la culpa al ciego) y eso, pues que me la foll…
- Y ahora que?
- Ahora nada. ¡¿Qué va a pasar ahora?! Si además creo que la semana que viene llega su marido.
- ¿¡Que!?, ¿Qué está casada?, ¿Pero que coño haces, tío?
-Joder! ¿Qué habrías hecho tú?
- Yo la saco a empujones de la habitación, cierro la puerta y la atranco con una silla pa que el bicho no entre.
- Ya, seguro… bueno, lo hecho, hecho está. Además que tampoco vamos a ir a contárselo… un desliz, una canita… que este cuerpo es muy goloso!!- decía en broma para quitar hierro al asunto.
La semana fue pasando y para mí que tuvieron otro desliz por cosillas que contó, pero eso no lo puedo confirmar. Lo que si puedo confirmar fue la expresión de su cara cuando conocimos al Vicen.
La “liberal” de Marta nos quería presentar a su esposo y así, si conocíamos de algún sitio para trabajar pues que le echásemos un capote al Miura.
Jose me dio un toque por si quería ir… vamos, ese encuentro no me lo perdía por nada. Lo que me mosqueó fue que Jose quería que fuese al encuentro y yo pensé “Lo mismo este teme que Marta le haya confesado algo a su marido y quiere que vaya por si hay jaleo…” me daba igual, yo quería estar en primera línea.
Al llegar al pub saludamos y nos presentan al Vicen. Si lo cuentas puede parecer gracioso pero no lo era. Ya no estábamos hablando de un tipo simpático porrerillo tipo el Pifa sino que estamos hablando de un macarra, chungo, “navajero” de esos que tienen la voz cazallera que se fumaba y se metía lo que pillaba.
Era alto, casi 1,90 y al sonreír, pues afable si era, mostraba una dentadura grisácea como de exyonky. Nunca fue yonky de heroína pero sus pinitos con otras sustancias si había hecho. De unos 35 años, con la tez curtida por la mala vida y esa delgadez fibrosa tipo argelino.
Hacia gracias de esas que piensas “ si lo que dice es una broma no tiene ni pizca de gracia pero como lo este diciendo en serio este tío esta fatal!”.
Al ser de Madrid tenia ese acento chulapo pero pasado de rosca siete veces y te hablaba como si fuese colega tuyo de toda la vida.
Pero cuando me quede flipao fue cuando escuche como llamaba a Marta, su santa esposa, la llamaba “coño” o en plan cariñoso “coñito” o “chochete” pero delante de todos. Le decía, por ejemplo, “anda chochete, pide otra birrita” y el chochete, tan contenta de que el Vicen ya estuviese en Londres, pedía otra birrita. Entre nosotros con la mirada nos lo decíamos todo.
En cuanto al trabajo, creo que todos pensábamos lo mismo. Le dijimos que no se preocupase, que encuantito supiésemos algo era para él… procuramos no ser muy irónicos a ver si lo iba a pillar y se cabreaba, entonces si que podíamos darnos por jodidos.
A Jose, que no le llegaba la camisa al cuello, en un momento que nos escapamos al baño, mientras meábamos me comenta:
- Que como a esta tía le de un ataque de sinceridad y le cuente lo nuestro, este tío me mata… pero tu has visto que elemento!!
Yo intentaba quitarle importancia pero tenia casi más miedo que Jose pues lo mismo el Vicen, herido en su hombría, no quería dejar testigos de su deshonor y nos pasaba a todos a cuchillo. Pero yo estaba con Jose que era mi amigo:
- Que no pasa nada, hombre… no le des mas vueltas, joder… que aquí nadie va a contar nada… bueno, yo me acabo la pinta y me voy que entro a currar, eh?
Aquel día creo que hasta lo tenia libre.
Cuando coincidíamos para tomar algo y Marta se animaba un poco, con el Vicen a unos metros, le tiraba alguna indirecta a Jose o le daba un pellizco en el culo y este cambiaba de color y se atragantaba y todo.
Miraba nervioso al Vicen por si se percataba de algo y le quitaba la mano de su culo, pero el Vicen solía estar a su bola. Luego llegaba, te echaba el brazo por los hombros y te zarandeaba un poco en plan cariñoso.
Yo me llevo a un lado a mi amigo y le digo “Jose, no seas muy borde, que como la chochete se cabree por un desplante, el alcohol es muy malo y suelta la lengua… y a ver si se va inventar que aprovechando que estaba bebida tu sacaste tajada y el Vicen se transforma en una maquina de hacer picadillo y de aquí no salimos ni uno”.
Con el tiempo nos echamos unas buenas risas cuando recordábamos la aventura pero en su momento las pasamos putas.
Como dije al principio la sal del mes de mayo la puso Jose y su mala selección de personal. Yo, por mi parte, y como la más elemental norma de educación gentil obliga, no contare los secretos de alcoba entre Isabel y uno mismo. Solo diré que el tiempo maduro la relación y la ultima semana de mayo estuve mas feliz que de costumbre.
A principios de junio tuve que dejar la habitación de Waterloo pues mis compañeros se trasladaron a su nuevo piso y no tuve más remedio que mudarme yo también.
Volví a la Holland, como en los inicios, pero no dure mucho pues ciertas circunstancias me abocaron a un nuevo cambio. Pero no adelantemos acontecimientos que para eso queda todo junio.
Escrita el 1 de
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