El mes de mayo fue muy tranquilo, del trabajo a ver a Isabel, de tomar algo a casa… menos mal que la sal la puso Jose. Esto lo tengo que contar pues aunque no fui yo el afectado directamente lo viví como un actor de reparto.

Resultó que una de sus amigas españolas le presentó, el día que Jose hizo la fiesta en su casa, a una amiga que había ido a Londres a trabajar pues tanto ella como su marido se habían quedado en paro.
Primero fue ella porque era amiga de Arancha (la amiga de Jose, esa de la que ya os hablé que me la montó en la fiesta de Lisa, bueno, da igual) el caso es que esta chica, Marta, se fue antes a Londres y se quedaría con Arancha hasta que encontrase un trabajo y un piso. Luego llegaría Vicente, el marido, cuando ya tuviese casa. Así economizarían algo de dinero.

La tal Marta, que no valía ni un pimiento, pero que era más golfa que donde las hacen, al cabo de unos días, se lió con Jose. De tan afortunado hecho fui casi testigo y no hice nada por impedirlo, primero porque no pude y segundo porque tampoco sabía en ese momento ni que ella estaba casada ni el pelaje de su marido el Vicen.

Como ahora quedaba menos con Jose, el día de la fiesta, recordamos viejas historias y en plena etapa de “exaltación de la amistad” surgió lo típico de “… eres un tío de puta madre, a ver cuando quedamos y nos corremos una juerga como las de antes…”

Pues esa juerga nos la corrimos dos semanas después. Afortunadamente Isabel no quiso venir pues al día siguiente tenia que madrugar y dijo que como eran mis amigos mejor que fuese yo solo. Como no la quería disgustar no insistí y me fui sin ella…

Quedamos Jose y sus dos flatmates ingleses, otro ingles más, Paul, que vivía solo, trabajaba en la City y en comparación con nosotros estaba forrao, Arancha, Isabel (la mía no, claro), Marta (la golfilla adultera) y yo. Ocho en total.

La noche comenzó tranquila, primero fuimos a un pub a tomar unas pintas para calentar motores y ponernos al día. Cuando a las once cerraron el bar Paul tomo las riendas y dijo que nos llevaría a unos locales que él conocía y que seguro nos gustarían.
Digamos que no eran unos locales convencionales. No tengo ni idea de donde fuimos pero por allí no había estado en la vida.

El primer sitio donde paramos era un garito de lo mas extraño que vi nunca. Creo que debía ser una nave pero remodelada con muchos pasillos angostos y pequeñas salas. Aquello estaba oscuro, pero oscuro de verdad, con tenues luces rojas, la música ratonera house de la época y la gente vestida de lo mas variopinto… allí había una fauna que ya la quisiera para si el coto de Doñana.

Paul, que tenía pasta y allí debía conocer a alguien, empieza a sacar cubatas (tamaño ingles, se entiende) y nos los tomamos en un rinconcito mientras unas go-gos, dentro de una jaula y ligeritas de ropa bailaban y se morreaban. ¿Pero que sitio de perversión era aquel? ¿Dónde nos había metido? Yo pegue la espalda a la pared por si me tenía que venir algo que fuese de frente…
Por suerte no estuvimos mucho tiempo, ese ambiente tan extraño no me gustaba, era curioso de ver, eso sí, pero no me sentía cómodo.

El segundo sitio era un poco más normal, al menos te veías las caras e incluso algún tema era apto para echarse un baile. No era la pasada de sitio pero allí estuvimos hasta que cerraron y cuando ya creía que la fiesta se acabó nos dice que nos vayamos a un local, no muy lejos de su casa y que así podríamos quedarnos a dormir allí.

A mi me parecía bien porque una vez que me metía en harina me olvidaba que al día siguiente volvería a amanecer, que tendría que ir a trabajar
Cogimos unos minicab y a los 15 minutos paramos en un sitio no muy recomendable para caminar solo por la noche. Yo no veía el garito por ningún sitio hasta que dijo Paul “Vamos, es ahí” , ¿¡Ahí!? Si eso no era un local, era solo una puerta con dos maromos de porteros. La calle poco transitada y el local sin carteles a la vista y los dos negros de la puerta que nos cachearon al entrar (a las chicas solo les miraron el bolso y los bolsillos de la chaqueta). Creo que no era por si llevábamos armas sino mas bien por si entrábamos con botellas o petacas pero a mi me acojonó, la verdad.

Una vez dentro aquello era para verlo. Me juego el cuello a que ese local no tenía ni licencia, ni permisos, ni vergüenza…
En aquel tugurio creo que éramos los únicos blancos. Aquello era un fumadero, sino de opio, si de todo tipo de maria y sus derivados. Con el humo que allí se respiraba ya salías puesto.
Música reggae, cuatro gatos, mas bien gatas, contoneándose… había gente en los sillones totalmente doblaos y yo pensaba “Angelito, lo que habrá trabajado este hoy que a estas horas se queda dormidito en cualquier sitio”.

Como algo había que pedir, no ibas a estar allí respirando por la cara, nos hacemos con unas cervezas y los ingleses, que me daba a mí que algo de familiaridad con el mundillo del hachis tenían, sacan material y con toda la naturalidad se ponen a liar petas.
Si el Pifa llega a estar allí se le ponen los ojos del revés.
Yo, en cambio, me puedo beber el agua de los floreros a última hora pero nunca he sido de drogas no legalizadas. Se pueden contar con los dedos de una mano las veces que le he dado a un porro y nunca a nada mas fuerte pero aquel día, después de toda la noche bebiendo, en el sitio aquel que invitaba a ello y el cigarrito de la risa que rulaba, a la tercera pasada me animo y le pego unas caladitas.
Mi perdición.
Si hasta ese momento los recuerdos eran un poco borrosos, después del primer canuto ya no recuerdo nada, no se ni cuando nos fuimos ni como llegamos a casa de Paul. Solo recuerdo, como en un sueño, que entré en una casa y que me tumbaron en un sofá y que después me despertaron para marcharnos.

¡Dios!!, ¡Que dolor de cabeza!! Era domingo y sería la una de la tarde, tenía que entrar en el restaurante a las cinco y en mi estado no sabría si sobreviviría hasta esa hora.
Los porros me habían sentado fatal. Si yo con el alcohol tengo bastante por qué mezclo!! Si ya lo dice mi padre “Hijo, si bebes no mezcles, es lo peor que puedes hacer”. ¿Por qué me acuerdo de los consejos a toro pasado?
Claro que cuando estas al lío si has empezado a cervezas luego vienen los cubatas a no ser que estes sin blanca pero aquella noche Paul tiro de cartera y tampoco le iba a hacer un feo… y encima había fumado porros con lo poco que me gustaba eso. Me imaginaba a mi madre diciéndome “¿Pero por que lo has hecho?” y yo “Pues porque allí todo el mundo fumaba, mama” y ella “¿Y si todos se tiran a un río, tu también te tiras?” y yo “Sereno no me tiro, pero tal y como iba me lanzo de cabeza”.

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